Tiempos de radio

  • Radio Burgado fue la segunda emisora alegal que se abrió en Canarias, tras Radio Libertad, en Las Palmas
En este edificio nació y murió Radio Burgado.

En este edificio nació y murió Radio Burgado.

Nunca me he llevado más satisfacciones personales, ni más disgustos técnicos, que cuando puse en marcha, allá por 1994, Radio Burgado. La emisora tuvo tanto éxito en los años de su existencia, más de una década, que Telefónica tuvo que habilitar líneas supletorias de otra central de la que nos correspondía porque las llamadas de los oyentes colapsaban telefónicamente Santa Cruz. Puede dar fe de ello el entonces jefe de relaciones externas de la compañía, Julio Luis Pérez Alonso.

Que yo sepa, esto no había ocurrido jamás con ninguna otra emisora en la isla. La radio empezó en una mesa cuadrada con tapete verde, en un ático de la plaza de Ireneo González de Santa Cruz. Pepe Saigí, que era nuestro técnico, colocó la primera antena sobre el gallinero de una señora de La Esperanza, que tenía una hija manca, bellísima. Posteriormente montamos una segunda antena en el Realejo Alto, en la zona de La Azadilla, en las instalaciones del bueno de Miguel.

M23El nombre de Burgado viene de una zona del Realejo, limítrofe con el Puerto de la Cruz, en donde tenía una finca un tío mío, Fanfo Carmona. Nunca pensé que el nombre iba a pegar tanto entre los oyentes de Tenerife y de toda Canarias. Recibimos controles de audiencia hasta de Madeira y, alguna vez, sobre todo en verano, desde el sur de España. También desde Marruecos.

Radio Burgado fue la segunda emisora alegal que se montó en Canarias, tras Radio Libertad, abierta en Las Palmas, cuya vida fue menor que la de Radio Burgado, que no murió por cierre, sino por venta a una empresa de Las Palmas cuyo presidente es mi amigo Jaime Cortezo.

La radio tiene anécdotas maravillosas. Un técnico que tenía que abrir las emisiones en directo, cada mañana, un tal Ulises, era un gandul de tomo y lomo y se dormía un día sí y un día no. Yo hacía la radio, como todo el mundo sabe, desde la cama, en mi casa. Ulises tenía que servir de apoyo desde el estudio. Acabé echándolo a la puta calle, por vago. Un chófer, de cuyo nombre no quiero acordarme, gafe inmisericorde, me rompió tres coches en una semana.

Por allí pasó una fauna despiadada, cada uno de cuyos ejemplares merecería una crónica aparte. Famosos fueron mis diálogos con los personajes de Juan Luis Calero. Incluso llegamos a transmitir un incendio pavoroso, originado en las cumbres tinerfeñas, en clave de humor, a través de esos personajes, para intentar quitar dramatismo al siniestro, en el que afortunadamente no murió nadie.

Para mí la radio era un juguete. Llegamos a tener como colaboradores a lo mejor del periodismo local más crítico, entre ellos Jaime Pérez-Llombet, Alfonso González Jerez, David Arroyo Vidal, Leo Hernández Cuevas, un gran técnico, etcétera Todos ellos contribuyeron al éxito del proyecto. No me olvido de mi secretaria de más de 20 años, Conchi Pérez Quintero.

Juan Luis Calero fue uno de los cracks de la radio.

Juan Luis Calero fue uno de los cracks de la radio.

La plantilla llegó a ser muy numerosa, muy a mi pesar. Logramos programas de radio excelentes, tanto musicales como literarios como informativos como esotéricos como deportivos. Famoso fue el programa del adivino “profesor” Octavio Santos que acertaba siempre: a todos los oyentes les decía que les iba a doler la espalda. Y le escribían cartas, entusiasmados porque les había sobrevenido el famoso dolor.

Tuve que lidiar con personajes realmente curiosos. Un tal Juan Domingo, técnico de baja frecuencia, buena persona pero muy bruto, se empeñó en romperme un jeep “Mitsubishi”, mío personal, que yo puse al servicio de la radio, y lo rompió. La reparación me costó más cara que el propio coche, cuando lo compré.

En esa época nuestro técnico era Nardi Sáiz Mesa, un excelente compañero que ahora es jefe de ventas de una multinacional del sector para el sur de España y Canarias. Su hermano Manolo es un clásico: tropecientos años en la SER. Estuvo a punto de morir en un incendio y yo con él y otros: el fuego nos rodeó, quedamos atrapados y nos sacó de allí un ángel de la guarda llamada Carmen Nieves Luis.

Las aventuras de la radio fueron maravillosas. Los “jingles” de la emisora se hicieron en Miami, grabados por la famosa locutora Vilma Planas, una de las mejores de los de Estados Unidos de habla hispana. En la radio entraban los personajes más famosos que llegaban a Canarias: cantantes, científicos, literatos… su relación completa sería casi imposible de ofrecer. Recientemente se ha recuperado parte de su archivo sonoro.

La primera antena fue colocada encima de un gallinero de La Esperanza.

La primera antena fue colocada encima de un gallinero de La Esperanza.

Aquellos años fueron extraordinarios. La radio tenía un lema, que estaba pintado en un grafiti, sobre un fondo de bloques y enmarcado en cristal. Decía: “Lo ideal es ilegal”. Fue una frase que yo leí en una pared de Heidelberg, escrita en español, posiblemente inspirada en el Mayo francés. Bendito 1968.

Se podían contar tantas cosas de esa emisora. Una vez regalamos un coche. Lo rifamos entre los oyentes y fue tal el impacto que agotamos los cupones puestos en circulación. Lo entregamos en el parque de La Granja, en Santa Cruz, en medio de una gran expectación. Y la agraciada fue una persona joven de Santa Cruz.

Sinceramente, tras más de diez años ininterrumpidos en antena, quedé muy tocado, muy cansado y muy harto. Pero a lo mejor me animo y abro la radio otra vez. Sólo me falta un empujoncito.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com