Mi inveterada afición a meterme con el mago

  • Todavía algunos se mosquean porque yo les saque a los magos sus vergüenzas
Dibujo que hizo José Carlos Gracia para mi libro "Todos los magos son del Barça".

Dibujo que hizo José Carlos Gracia para mi libro “Todos los magos son del Barça”.

Después de tantos años escribiendo sobre el mago, todavía algunos se cabrean y se erigen en defensores de estos bárbaros. Siempre hay excepciones, yo no digo que todos los magos sean unos tipos muy particulares, pero sí el común de ellos. ¿Quiénes son los magos?: los habitantes de las zonas rurales de las Islas Canarias.
No tienen nada que ver con la magia, sino con la socarronería, la ignorancia, la mala leche y algunos golpes que han quedado para la historia. Esto lo aclaro porque como ustedes leen un periódico on line, la red es mundial y se puede confundir al mago con la magia. Nada más lejos de la realidad.
No voy ahora a escribir, en dos folios escasos, sobre esa especie de filosofía barata que arrastra el rural de nuestras zonas medias y altas. Cada pueblo tiene su penitencia: en Huelva son los de Lepe, en Canarias son los gomeros; ellos protagonizan todos los chistes y los chascarrillos, generalmente apócrifos. El mago también. Hay quien dice, además, que hagas lo que hagas en esas medianías, no pasarás desapercibido: siempre hay un mago mirando.
Llevo más de dos décadas escribiendo sobre sus comportamientos. Y les llegan esos escritos porque hace unos cuantos años, tomando yo fotos de casas de venezolanos en la zona de El Ravelo, una señora se asoma a la ventana, mientras yo fotografiaba los leones rampantes horrorosos colocados a ambos lados de la puerta de su chaslé, y me dijo, educadamente : “¿Qué, Chaves? ¿Inspirándote para un nuevo libro?”.

El mago es capaz de escribir las mayores barbaridades, convencido de que lo hace correctamente.

El mago es capaz de escribir las mayores barbaridades, convencido de que lo hace correctamente.

Tras varias ediciones de Las aventuras del mago y su cuñado y sucedáneos, está a la venta en las librerías Todos los magos son del Barça. Algunos aficionados culés se han cabreado, pero es verdad. Yo no digo que todos los culés sean unos magos peludos, pero sí que todos los magos peludos son culés. Que es muy distinto.
Un ser que es capaz de maltratar a un perro o de liarse a escopetazos con el vecino por una linde no merece demasiado respeto. Pero les aseguro que lo que cuento es cierto. Yo mismo he sido testigo de serias disputas por una piedra colocada en medio de una serventía. La disputa por quién tenía que quitar la piedra, fácilmente transportable, casi llega a mayores.
El individuo que acompaña al mago en sus correrías, en sus cañas y en sus cargaceras es el cuñado, todavía más bruto que él, a quien el mago le propina, en el colmo de la falta de respeto, sonoros cogotazos. Ustedes dirán que siempre estoy con lo mismo. A mí me cautivó el mago desde que iba con mi abuelo a la finca de La Dehesa a pagarles el jornal, creo que los viernes o quizá los sábados. Allí me empapaba de sus conversaciones, de su forma de ser, de su vocabulario escasísimo, de sus gestos y de sus aficiones. Y de sus silencios.
Era un ser que se levantaba muy temprano y que trabajaba puede que hasta las tres de la tarde. Luego, al bar. Y, luego, a casa. Llevaba los pantalones manchados de la sangre del plantón de platanera, las lonas de esparto y un cinturón de badana. A mí me inspiraba ternura.
Tantas veces me llevo al colegio Melchor, un trabajador, medianero, de mi abuelo, alto, delgado, al que mi abuelo había salvado, en el 36, de las garras franquistas. Querían mandarlo al paredón por simpatizar con la república y mi abuelo intercedió por él, con éxito. Fue, toda su vida, un hombre fiel, honesto, educado y caballeroso.

La filosofía del mago se puede concretar en las babiecadas que comete.

La filosofía del mago se puede concretar en las babiecadas que comete.

Mi relación con el mago, pues, no es incómoda; todo lo contrario, es muy gratificante. Lo que ocurre es que no todos son iguales. Esos campos nuestros están llenos de personajes de opereta, que unas veces provocan hilaridad, otras tristeza y otras rabia, sobre todo por lo brutos que son algunos, por el maltrato a los animales y por el sentido tan extraño que les dan a sus vidas.
Yo no escribo estas líneas acuciado por la necesidad de aclarar lo que siento por estos personajes o con ánimo de dejar claras mis intenciones. Ya ustedes las conocen, si han leído mis libros.
Mucho peor es el velillo, que es el hijo y aún el nieto del mago, establecido ya en la correspondiente barriada: irrespetuoso, chulo, conflictivo y peleón. Estos son peligrosísimos. El elemento barriada, además, que antes no se atrevía a bajar a las ciudades, ahora sí lo hace y a veces logra imponer su ley. El Carnaval tiene mucha culpa de lo que digo. El Carnaval está lleno de velillos. Todos los líos los arman ellos.

El respeto al medio ambiente es mínimo. Inexistente.

El respeto al medio ambiente es mínimo. Inexistente.

Algunos que presumen de estudiosos de los comportamientos del mago quieren dar a entender que estamos ante un filósofo popular, de un personaje, de una especie de Séneca de Pemán. Salvo alguna excepción, ésta no es la norma. Es más común encontrarte con un ser despreciable, egoísta y perverso que con un hombre bueno, noble y caballeroso. Ahora bien, también los hay de éstos.
En fin, que estudiar a estos personajes es muy complicado. Yo llevo muchos años haciéndolo y reconozco que no doy pie con bola. No es nada fácil averiguar lo que piensa, si es que este espécimen piensa; no es nada fácil saber lo que va a hacer porque sus acciones son imprevisibles. Tampoco hay que olvidar que el mago se acuesta temprano para tener tiempo de pensar la ruindad que va a hacerle al vecino al día siguiente.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com