Que ni chiquita cuerada, compadre

1.- Todo parece indicar que el Barça del antipático Luis Enrique se ha quedado en octavos de la Champions. Parece muy difícil que le meta cinco goles al París Saint Germain en Barcelona y el PSG ninguno, con el equipazo que tiene. Dicen que en 22 partidos, Unai Emery sólo le había ganado al Barcelona una vez, pero lo de ayer valió por cuatro. El catalán fue un equipo vapuleado, humillado y vencido. Si nos ponemos a ver, el Barça tiene tres estrellas y las tres están en la delantera. Atrás y en el centro es un equipo normalito, y más desde que se fue Alves; y en el medio campo no es mejor que un equipo europeo del montón. Delante es otra cosa: Messi, Suárez y Neymar son muy buenos, aunque ayer fueran muy malos. El super Barça hizo el ridículo más espantoso ante sus aficionados de todo el mundo. ¿Se acabó un ciclo? Bueno, cada vez que el Barcelona pierde se acaba un ciclo. No es seguro. Tampoco es normal que pierda por cuatro a cero. Pero lo cierto es que lo único que diferencia al equipo catalán de hoy de los demás rivales son los tres delanteros citados. Ayer firmó su sentencia de muerte de esta Champions porque nadie en su sano juicio puede pensar que le va a sacar la eliminatoria a un PSG pletórico, que le ganó al Barça en todas las líneas, en París. Y no fueron siete goles porque Ter Stegen paró tres balones que eran goles. Todo hace indicar que el F.C. Barcelona ha iniciado su declive más espantoso, con un Iniesta en decadencia, nadie que haya suplido con éxito a Xavi y basándolo todo en la capacidad ofensiva de su tridente. Un tridente que no recibe balones de los laterales y del medio campo no sirve para nada. Está muerto. Necesita, por ejemplo, a un Verratti, que ayer se retiró lesionado. Esperemos que pueda jugar en Barcelona.

El Barça no tiene sino a tres jugadores geniales: Messi, Suárez y Neymar. Lo demás, sobra.

2.- Bueno, pues le queda al Barça la Copa del Rey, que es un torneo menor, porque la Liga, con un Madrid que no cede, la tiene también muy difícil, aunque no imposible. Ayer, Di María le medió dos golazos y Draxler y Cavani, un jugador que a  mí me encanta, cerraron la cuenta. Pudieron, ya digo, ser siete goles, si el portero alemán del Barcelona no hubiera hecho tres paradones que evitaron una goleada más abultada. No supo Luis Enrique explicar lo que ocurrió sino diciendo que los otros fueron mejores y que la responsabilidad es suya, porque los jugadores son los mismos que los que juegan los días en que su equipo triunfa. Calificó la noche de “nefasta”, como no podía ser menos. Porque ni siquiera el tridente se enteró: Messi no estaba, Suárez no mordió a nadie y Neymar fue el único que intentó hacer algo, pero muy solo y sin suerte. Luis Enrique, antipático, muy en su tónica habitual, arremetió con el tono de los periodistas. En fin, ya se sabe que este chico se ha acostumbrado a no perder. Y los jugadores del Barcelona tampoco saben perder. Y el entrenador está permanentemente de mal humor.

3.- Fue una cuerada en toda regla. El Barcelona no tiene sino delantera, repito. El resto del equipo ha desaparecido, con la excepción de Ter Stegen, que es un buen portero. Pero Busquets está mal, Iniesta no existe, la defensa no es nada sin Mascherano, los laterales  no dan la talla y Rakitic, que es el mejor de todos ellos, juega poco. El PSG se marcó una noche redonda, todos los rebotes eran suyos, fueron mágicos en el contrataque, muy rápidos y eficaces. La gente tiende a echarle la culpa a Luis Enrique, que me da que va a pagar los platos rotos de esta goleada, de esta humillante derrota. Ahora todo el mundo echa de menos a Guardiola, pero Guardiola es historia. Ya no está, ni creo que vuelva a un equipo en decadencia. Que ni chiquita cuerada, compadre.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com