El bipartidismo ya no es lo que era

El listado de acuerdos no es menor, todo lo contrario. Constituyen, sin duda, ejemplos de diálogo en asuntos de mucho calado. Es la prueba de que algo está cambiando en las relaciones entre los principales partidos, todo un síntoma de que a la espera de lo que ocurra en el congreso socialista estamos asistiendo a la apertura de un tiempo político diferente.

Acuerdo para que el salario mínimo interprofesional haya tenido un incremento del 8%, en lo que supone la mayor subida de las tres últimas décadas. También acuerdo para prohibir los cortes de luz por pobreza energética, accediendo el Gobierno a modificar la Ley del Sector Eléctrico para que conste de forma expresa la prohibición a la interrupción del servicio eléctrico a las familias consideradas vulnerables por los servicios sociales, ofreciéndose de esta manera todas las garantías al bono social. Y, entre otros, igualmente acuerdo para exigir a las entidades bancarias que tenían fijadas cláusulas suelo para las hipotecas la devolución a los afectados de todo -o al menos una parte- de los intereses injustamente cobrados. Acuerdos, tampoco menores, como el de poner en marcha comisiones de investigación en el Congreso sobre la trama Gurtel o la salida a bolsa de Bankia -entre otras que vienen caminando-.

A la vista está, todo parece indicar que asistimos a una de esas excepciones que confirman la regla, excepciones que echan por tierra alguna de las sentencias más conocidas de la rica fraseología de la lengua española: que todo cambie para que todo siga igual, todo ha cambiado para dejar las cosas tal y como estaban o, entre otras sentencias, cambiar las cosas para que todo siga igual. Las cosas son distintas desde las últimas elecciones generales y la posterior investidura, por segunda vez, de Mariano Rajoy. Las dinámicas han cambiado mucho más de lo que pudiera parecer. Poco se parece la realidad actual a la que se imponía cuando el PP gobernaba cabalgando sobre el rodillo de su mayoría absoluta. Todo o prácticamente todo ha girado. La escena política y sus movimientos son otros. Las cosas están cambiando.

Las elecciones generales del 20-D y del 26-J provocaron cambios profundos en el mapa político del Estado. A la espectacular caída del PP -aunque siga siendo la primera fuerza política- se unió la irrupción de Ciudadanos y de Unidos Podemos, a lo que cabría añadir la sacudida que supuso para el PSOE la fallida investidura de Sánchez y su posterior desenlace. A los cambios producidos en la correlación de fuerzas se unió el que el PP no logró una mayoría parlamentaria suficiente para tener un gobierno estable que le permita desarrollar su programa. En este marco, en un contexto tan novedoso, quienes empiezan a fijar objetivos y a pintar hojas de ruta son los partidos de la oposición e incluso, en algunos casos, los aparentemente socios parlamentarios del PP: Ciudadanos.

Los partidos en la oposición, especialmente el PSOE y Unidos Podemos, o en menor medida Ciudadanos, rivalizan por ver quien se adelanta para presentar iniciativas que arrastren al resto en contra de las posiciones del PP. Algunas de las iniciativas de los partidos de la oposición son asumidas a regañadientes por el PP para intentar evitar quedar aislado. En lo que constituye un guión sin precedentes, es desde la oposición desde donde se le marca el paso en infinidad de asuntos al Gobierno. La prueba de que no solo ha cambiado el mapa político son los acuerdos alcanzados en estos apenas tres meses de legislatura.

Los apoyos que está recibiendo Mariano Rajoy del PSOE para poder aprobar asuntos relevantes no le están saliendo gratis. Que el PP pudiera aprobar como paso previo a la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado la senda del déficit de las comunidades autónomas para el próximo año -o el techo de gasto- le ha costado a los populares tener que apoyar iniciativas del PSOE como las reseñadas anteriormente: incremento del salario mínimo interprofesional, bono social energético o las cláusulas suelo.

Las cosas han cambiado también con la nueva correlación de fuerzas en lo que se atañe y define al protagonismo del Parlamento. La actividad parlamentaria ha recuperado dinamismo y se sitúa en el centro de atención política, económica, social y mediática. Ya el Gobierno no tiene una guardia pretoriana en la Mesa del Congreso. El PP se ha visto forzado a la creación una comisión de investigación del caso Gurtel, que le toca de lleno. También Bankia y todo el proceso de rescate de las cajas de ahorro va  ser objeto de investigación parlamentaria. Después que hayan sido citados a declarar judicialmente el anterior gobernador del Banco de España y el ex-presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

En apenas unos meses todo ha cambiado en la política española. Siendo cierto que a pesar de la entrada en escena de los partidos emergentes es el bipartidismo el que sigue protagonizando las decisiones, no lo es menos que entre este bipartidismo y el anterior a la llegada de las nuevas formaciones -Podemos y Ciudadanos- el parecido es cada vez más remoto.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com