Ofensa a los católicos

Me disculparán los lectores por haber tardado tantos días sin rechistar en esta pequeña columna. El caso es que unos desalmados, en plena piñata carnavalesca, asaltaron mi domicilio de madrugada, mientras dormía al arrullo del tumulto callejero, y me robaron los tres aparatos electrónicos de los que disponía, es decir, el ordenador, el Ipad y el teléfono móvil. Me dejaron incomunicado. Tenía incluso unas líneas escritas para esta sección que he perdido. Recuerdo que las titulaba “Ofensa a los católicos”. En este tiempo he leído un comentario de Juan Cruz sobre este asunto y otro de mi buen amigo Julio Fajardo en este mismo diario digital. No comparto mayoritariamente ninguno de los dos, dicho sea con los debidos respetos.

El Carnaval es diversión, no ofensa ni provocación. Hay maneras mucho más sanas de divertirse, sin entrar en el mal gusto derrochado, que atacando las convicciones de los creyentes. La religión mayoritaria en España debe ser respetada y resulta intolerable, a mi juicio, la gratuita burla de Cristo, la Virgen, las figuras y símbolos más sagrados del Cristianismo. Lo ocurrido en el Carnaval de Las Palmas, ante las risas del alcalde de la ciudad, es una insufrible ofensa a los católicos. Obviamente la “reinona” no se ha atrevido con otras religiones más beligerantes.

Esta fue la Drag queen ganadora este año.

Creo, sinceramente, que estamos ante una gran y grave ofensiva contra las libertades en España. Al igual que ya nadie cuestiona la existencia de dos varas de medir en la Justicia, la de los poderosos y la de todos los demás, existen también en el mundo mediático español controlado por fuerzas izquierdistas y separatistas gracias a la permisividad activa del actual Gobierno. Una vara es la que entiende, asume y defiende, todo lo que proceda de los sectores ideológicos de la izquierda. La otra vara es la que ataca y critica, y castiga, y reprime y amonesta, con ira y furor, a los sectores de la sociedad opuestos a la izquierda y sus especiales comandos  ideológicos. Unos pueden decirlo y hacerlo todo. Los otros están en permanente sospecha.

Por otra parte, resulta lamentable que la noticia más comentada hasta hoy mismo –incluidas manifestaciones en Madrid– haya sido la persecución política, mediática y policial de un autobús de la plataforma Hazte Oír, que solo va en contra del adoctrinamiento sexual en las aulas. Según el juez del Juzgado de Instrucción Num. 42 de Madrid, las consignas del autobús (“los niños tienen pene”, “las niñas tienen vulva”, “que no te engañen”), son un “menosprecio” al colectivo transexual y constitutivo de delito. A mi juicio es un claro secuestro a la libertad de expresión.

Pienso que en estos momentos hay dos comunidades en España a las que se ofende e insulta de forma sistemática. Se trata del colectivo católico en toda España, y el de los españoles constitucionalistas en Cataluña, cuyos derechos son permanentemente atacados sin un Gobierno que los defienda.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com