Un paseo con Ramchand Bhavnani

Me encuentro con Ramchand Bhavnani paseando solo —lo habitual en él— por una calle de Santa Cruz y me acerco a saludarlo. Somos viejos conocidos. Me enorgullece la confianza que siempre ha depositado en mí. Sabe que, como periodista, no cuento todo lo que me dicen, de forma especial cuando mi interlocutor me revela algo que considera confidencial. También yo estaba paseando a solas tras decidir tomarme una tarde libre en Santa Cruz. Lo bueno de andar por las aceras de Madrid es que nadie te conoce; nadie te importuna. El peninsular, al menos el de la Villa y Corte, se ha anglosajonizado en buena medida y no anda mirando a todo el mundo —de forma especial lo que hace todo el mundo— como sucede con el vernáculo. En Canarias, hagas lo que hagas siempre hay un belillo observándote. Quedándose con la movida, como dice el laja.

Ramchand Bhavnani /soniacanarias.com.

Con Bhavnani, sin embargo, resulta difícil limitarme a un saludo cuando coincidimos donde sea. Enseguida nos sumergimos en una amena conversación sobre la situación económica. También hablamos de los políticos y de los bancos. Entidades estas últimas para las que utiliza siempre un calificativo que no voy a repetir para no suscitarle un problema. Digamos que su opinión de la banca es manifiestamente mejorable. Comentamos otros asuntos que no detallo porque así me lo pidió. “Hacienda me inspecciona cada tres meses”, confiesa. “Si usted comenta eso, me inspeccionan tres veces al día”. Tampoco he sido nunca un lengüín. Bastantes correveidiles hay ya por estos alrededores.

En cualquier caso, destaca Bhavnani el consolidado crecimiento de la economía española. Ve el futuro con esperanza, aunque nos iría mejor —esa es su opinión— sin tantos políticos inútiles y, por supuesto, sin tanta corrupción. Con respecto a Tenerife, subraya la recuperación del Puerto de la Cruz. Del Sur de la isla no hace falta apostillar nada; sencillamente, un emporio. Hablamos también de los mercados bursátiles —otros datos que me reservo— y de lo bien que les ha ido a algunos, incluido quien esto escribe, con sus sabios consejos.

Más allá de su visión privilegiada para los negocios, Ramchand Bhavnani continúa siendo la encarnación de la humildad. Cuesta creer si uno no lo ve con sus propios ojos que un hombre que mueve decenas y decenas de millones de euros en los mercados internacionales pasee a diario por las calles de Santa Cruz como un transeúnte cualquiera, modestamente vestido, cuando le sobra el dinero para moverse en una limusina de oro. Qué contraste comparado con tanto engreído local, ya sea empresario o político. Los unos con coches de alta gama —ningún mago que se precie se priva del Mercedes— y los otros con igualmente suntuosos coches oficiales que, para más inri, no pagan ellos sino nosotros. ¡Ay!

ricardopeytavi@gmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com