Emergencia alimentaria en la querida Venezuela

  • La Asamblea la declara por segunda vez, cuando más de ocho millones de venezolanos pasan hambre cada día

Una cosa es imaginar una situación determinada y otra muy distinta sufrirla en vivo y en directo, experimentándola en las propias carnes. Venezuela entera se muere de hambre y ha sido la propia Asamblea Nacional (la cámara legislativa y de control de la república hermana) la que ha declarado este pasado martes, por segunda vez en lo que va de año, la emergencia alimentaria en el querido país; porque escasean ya hasta los productos de consumo de primera necesidad y la situación no parece tener ningún viso de mejora. Y ocho millones de personas están en riesgo de morir de hambre.

La Asamblea está controlada por la coalición opositora MUD desde el pasado cinco de enero, gracias a su victoria en las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015. Pero el presidente de la República, Nicolás Maduro, parece hacer caso omiso al poder legislativo y gobierna a su antojo, mediante decretos y dando tumbos desde el Palacio de Miraflores, cuando va, porque parece estar atrincherado en unas instalaciones militares de alta seguridad —Fuerte Tiuna–, por miedo a ser asesinado.

Venezuela se nos muere y por muy legítimo que sea el régimen chavista (porque ganó democráticamente las últimas elecciones presidenciales), se hace cada día más necesaria la intervención en el país de organismos internacionales que traten de convencer a los actuales dirigentes de que es imposible reconstruir ese país con las actuales estructuras económicas intervencionistas y estatalizadas. Por la simple razón de que quienes tenían el poder fáctico en aquella república, tras la llegada del chavismo, huyeron con sus capitales al extranjero y descapitalizaron al Estado, que se vio inexorablemente abocado a una crisis sin precedentes, que no solo exterminó la clase media venezolana, sino que ha desembocado en una dramática y lamentable crisis social. Donde buena parte de la población –como lo leen– tiene que rebuscar en la basura para encontrar algo que llevarse a la boca.

Una cosa es ser demócrata y amar las libertades públicas e individuales de un pueblo y otra bien distinta es comulgar con ruedas de molino; esto es con un régimen dictatorial, intervencionista, que no respeta ni siquiera la libertad de expresión y que ha condenado a un país a una involución social muy grave. Porque ya no estamos hablando del mayor o menor bienestar de una sociedad. Nos estamos refiriendo a situaciones muy dramáticas, de verdadera miseria y de incapacidad para obtener unos productos alimenticios básicos.

Se puede ser progresista, se puede uno abrazar a una ideología socialista o incluso marxista, pero ha quedado manifiestamente claro que los métodos y las fórmulas políticas empleadas por el actual régimen venezolano no parecen ser las idóneas para un país que tiene muchas riquezas naturales, que son muy mal aprovechadas y administradas.

Y, al final, la cuerda siempre se parte por el punto más débil; es decir, las capas sociales más desfavorecidos y más desafortunadas. Y no hay derecho a que Venezuela viva momentos como los actuales, por mucho que sus dirigentes odien al Imperio del norte y sus métodos.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com