Hay un Puerto de la Cruz romántico, increíblemente bello

 

Nada mejor que una foto para recuperar el pasado. Nada mejor que un recuerdo, una instantánea coloreada para retratarnos tal como éramos. De un lado, el turista poderoso, que se bañaba en el mar. De otro, el habitante de la ciudadela, menesteroso y retraído. Y los hombres y las mujeres que empaquetaban los plátanos para embarcarlos en los buques de “Yeoward”. Hay un Puerto de la Cruz romántico, lleno de nostalgia, de donde salían los vinos para los zares. Los turistas alemanes desafiaban su blancura tomando el sol en Martiánez, a principios del siglo XX y a finales del XIX. Un día no existía la plaza del Charco como tal, sino con aspecto de jardín londinense, pero errático en su plantación, en medio de las cuatro esquinas del Charco de los Camarones. La miseria y la riqueza se tocaban con las manos, con resultado diverso para unos y para otros. Hay estampas increíblemente bellas, que existen, pero que no nos las habían mostrado. El Puerto tiene la suerte de ser muy retratado. Yo, que he estado en contacto con  miles de las fotografías más hermosas que han contado su historia, no había visto estas que publicamos hoy, para deleite de quienes accedan a ellas. He publicado una docena de libros de fotos de Tenerife. Fotos históricas. Qué pena que en la época en que se dieron a la estampa esos libros no pudiera yo contar con estas que publicamos aquí en este día. Hay un Puerto de la Cruz romántico, de laureles pelados y de bañadores antiguos, increíblemente bello, testimonios del paso de la pobreza al bienestar. Costó, pero se logró. Vestigios del ayer, de los que casi no quedan. El Charco de la Soga, la plaza del Charco, que no era plaza, los conventos convertidos en ciudadelas para pobres, el paisaje humano, quemados unos portuenses por el trabajo duro de sus hombres y de sus mujeres. No sé qué tendrá eso de romántico, pero desde luego forma parte de la historia. Donde había casas viejas y miseria se edificaron edificios modernos, pero quedaron restos prodigiosos que aún se conservan. Esta galería es una muestra de como éramos al finales del XIX y principios del XX. Mejor que nadie lo contó Olivia Stone en su libro “Tenerife y sus seis satélites”. Y también lo contó Álvarez Rixo en sus “Anales”. Sí, efectivamente existe un Puerto de la Cruz, el del pasado, increíblemente bello y con brotes de romanticismo y de nostalgia que no debemos olvidar. Y he aquí los testimonios.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com