¿En nombre de todos los canarios?

El otro día leí en la portada de un periódico de Las Palmas que el señor Brufau, presidente de Repsol, les ha faltado al respeto a los canarios. Leí el titular mientras pasaba ante un kiosco porque hace tiempo que no hojeo, ni mucho menos compro, la prensa impresa en papel —¿para qué?—, pero lo leí; eso es lo que cuenta. La embestida contra el mandamás de la mencionada compañía venía a cuento de sus declaraciones sobre el tercermundista y retrógrado ataque que se produjo en estas islas contra los sondeos en aguas próximas al Archipiélago, aunque bastante distante de sus costas.

Sin entrar en el fondo del asunto —aunque podemos bucear en él todo lo que queramos—, ¿quién es el director, o mismamente el propietario, de ese periódico para apropiarse de la opinión de todos los canarios? No considero que Antonio Brufau me ofenda a mí, personalmente, por decir una verdad como una catedral. También conozco a muchos canarios —muchísimos— que piensan lo mismo que yo. Bien es verdad que el asunto de suplantar identidades colectivas desde posturas no siempre mayoritarias —a veces incluso minoritarias— no es nuevo. Lo lleva practicando Coalición Canaria desde que los dinosaurios corrían sobre la faz de la tierra.

“Lo nuestro”, suele leerse en sus eslóganes electorales. “Ahí va, la leche; lo nuestro, Cosa nostra, la Mafia”, exclamó una vez un peninsular ante semejante propaganda. “Hombre, la mafia suele disimular un poco”, apostillé. Personalmente no creo que los nacionalistas canarios —ni siquiera los catalanes— sean una familia de mafiosos. A veces se utilizan determinados tópicos con excesiva alegría. Hay que conocer la realidad cotidiana de Sicilia o Nápoles —me he adentrado en algunos de sus barrios poco recomendables— para saber lo que es la auténtica mafia. Digamos, sin más, que el nacionalismo, el de aquí o el de allá, es un compadreo al mejor estilo de lo que definió un sabio andaluz durante una noche de luna llena: “Hay que llevarse bien lo que hay que llevarse”. Llevarse bien con uno mismo y con los demás, entiéndase así, aunque luego siempre hay algún retorcido de mente que da un salto al límite de la imaginación e interpreta tan lapidaria frase en otro sentido. Allá cada cual.

Lo esencial es que los canarios, afortunadamente no opinan monolíticamente sobre el petróleo, el turismo o la política. No hay que ser de Coalición Canaria para ser un buen canario, hasta ahí podíamos llegar, ni hay que oponerse a Repsol para ser una persona comprometida con la conservación del entorno natural. Los belillos de medianías han destrozado bastante más con sus viviendas autoconstruidas sin que ningún ecologista, que yo sepa, los haya criticado jamás.

Por cierto, en Alaska están saltando de alegría tras el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos, precisamente por Repsol. ¿Es que allí aprecian el medioambiente menos que nosotros? Que me perdone el director del no citado periódico, y con él unos cuantos plumillas adláteres, pero eso no me lo creo.

ricardopeytavi@gmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com