Los cuadros del Parlamento

El doble de Calero ha descubierto que las pinturas de González Méndez del Parlamento ofenden a los canarios. Últimamente se ha puesto de moda esto de los canarios ofendidos. Yo no me siento representado en ese grupo, pero sí he de confesar que me avergüenza asistir a una ceremonia política tan pobre y tan estúpida. No lo puedo entender sino como la demostración de que el autor de estas declaraciones, a fuerza de ser imitado por los humoristas, se ha convertido en un personaje de los chistes.

Analizar a la historia desde el prisma de ciertas tendencias actuales es un error intencionado –mal intencionado, diría yo–, propio de los revisionistas de la escuela marxista. Habría que saber a qué supuesta mayoría social representan estas actitudes. Si preguntáramos cuántos canarios se sienten ofendidos por esas pinturas podríamos constatar que no caben en un taxi. Sin embargo, la estupidez vende y somos testigos atónitos de cómo la boutade del personaje de los chistes de Calero ha llegado a las primeras páginas de El País y a los telediarios de Telecinco.

El problema que se plantea es que en lugar de analizar la procedencia del hecho histórico se arremete contra el símbolo que lo representa, al más puro estilo de los iconoclastas que intentan destruir aquello que no les satisface. Esto es lo que hacen los yihadistas en Palmira y en Petra, destrozando los vestigios culturales de lo que no concuerda con el Islam.

Algunas de sus exaltadas señorías han propuesto una solución intermedia para reparar la ofensa, y en lugar de destruir las pinturas pretenden cubrirlas con un velo para tapar la ignominia. Esta solución no se aleja de lo que antes comentaba, pues se trata de ponerle un burka al arte.

Interior de la sala de plenos del Parlamento de Canarias./parcan

Podría aprovechar para ampliar la proposición a otros frescos igualmente ofensivos que a partir de ahora se verían puestos en cuarentena, como por ejemplo los que están en la escalera principal del ayuntamiento de La Laguna, a los que pronto se emparentará con el elefante de Botswana. A esto habría que sumar la reclamación de los holandeses para retirar a la Rendición de Breda del Museo del Prado, o la de los italianos para hacer desaparecer el cuadro de Turner que representa a Aníbal cruzando los Alpes, o la de los granadinos con los Reyes Católicos rindiendo a Boabdil a las puertas de la ciudad nazarí.

Esto que cuento no sería más que un chiste propio de un personaje de los chistes (el primer crítico y empresario taurino que promovió una ley para prohibir los toros), pero sólo sería eso si no fuera por la repercusión mediática que hace que la tontería se multiplique hasta límites insospechados. Sobre todo, ahora que los chistes se han puesto de moda y se dictan sentencias en los tribunales para perseguirlos. Éramos pocos y parió la abuela. La mayoría de las abuelas son lúcidas y respetables, pero hay algunas que chochean.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com