Difundir nuestras fiestas

El periódico El Heraldo de Orotava, en su edición del 25 de febrero de 1923, disponible para su consulta en el portal Jable de la ULPGC, publicaría un interesante artículo en atención a las características que definen y caracterizan la singularidad de cada pueblo.

En esa descripción, definida por intentar llegar al “perfeccionamiento valiéndose de todos los medios, poniendo en práctica iniciativas y proyectos a fin de ir despertando el interés y la curiosidad de las gentes”, efectuaría la relación de algunos ejemplos.

En el caso de Valencia, el autor del artículo no dudaría en destacar las características de las Fallas y su gran popularidad. Por otra parte, la ciudad de Sevilla tendría como símbolo de su esplendor la Semana Santa, incluyendo, además, una pregunta respecto al citado esplendor que la ciudad ha ido encontrando a partir de esa celebración.

Esa pregunta es un punto que el autor emplearía para descender hasta La Orotava y anunciar el carácter propio de la Fiesta de las Flores (las alfombras), tan original y única de la Villa, e intentar que, entre todos, pudiera ampliarse su nombre por todos los lugares al igual que ocurría con otras celebraciones en el territorio nacional.

En torno a esa consideración destacaría la presencia de una celebración que, año tras año, aumentaría en importancia y belleza, como muestra de un arte efímero cuya admiración no resultaría ajena al habitante del lugar o a los visitantes que se desplazaban para admirar el resultado de un trabajo incalculable.

Sin embargo, a pesar de la atención que por entonces ya tenía la fiesta, existían ciertos miedos asociados a posibles abandonos respecto a su desarrollo en el futuro. De esa forma, la necesidad de actuar en pro de la Fiesta de las Flores representa un hecho de interés y necesidad “poniendo el más grande empeño porque en el presente año sea superior, si cabe, a los años anteriores”.

Por otra parte, se anuncian las características de la Semana Santa villera que, a pesar de su importancia y esplendor, carecía de la “suntuosidad de que se le reviste, y el valor artístico de las imágenes que se exhiben en esos días, pudiera considerarse La Orotava como uno de los pueblos de Canarias, si no el primero, que mayor realce y significación da a la Semana Santa”.

Sin embargo, a pesar de esas características, el autor de aquella crónica anunciaría la posibilidad de unir las particularidades de esa celebración con otros actos que pudieran incluir aspectos de novedad e interés para así lograr el tan ansiado fin de que “de todos los pueblos de la isla y fuera de ella, concurran gentes con la natural avidez de contemplar y admirar”.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com