El Real Madrid se propone llevar la emoción hasta el final (2-3)

  • Isco, que marcó dos goles, levantó varias veces de sus asientos a los espectadores de Gijón

Nadie sabe si Zidane es tan sabio que nunca se equivoca o es que tiene una flor en el culo y, aunque se equivoque, su equipo gana. Lo cierto es que con los suplentes –menos Sergio Ramos, el rato de Marcelo y los cuatro minutos de Casemiro– dio ayer un paso de gigante para conquistar la Liga. Cada vez que marcaba Isco, inconmensurable, Zidane se echaba a reír. Como si lo estuviera vacilando, o de puros nervios. Hay que decir que el Real Madrid jugó bien, pero el Sporting, que es uno de los equipos más anti madridistas y que tiene una grada también anti madridista, se crece cuando juega con el Real y baja los brazos cuando actúa contra los culés. “Cosas del fútbol”, que diría el idiota aquel. Además, Fernández Borbalán no pitó un penalti en el área del Sporting, o dos, y tenía que habere echado a la calle al violento Lillo. Total, que marcó primero el Sporting, en un fallo de Casilla, que salió mal, más que de la defensa, en la primera parte; y empató Isco de un trallazo, ya en la segunda, llevándose por delante a tres defensores y disparando a la escuadra del aturdido Cuéllar. Entonces empezó de nuevo el partido, pero el Sporting marcó el gol bobo, de esos que alguien le da en la coronilla y entra, porque al portero le cae mal la pelota y no la atrapa. Con el 1-2 la cosa se le ponía más cuesta arriba a los de blanco, porque quedaba menos tiempo; pero en eso que Danilo va y se equivoca y le tira un espléndido centro a Morata, ávido de sangre, éste mete la testa y coloca la bola en la red de los de Gijón. Nuevo empate y se acabaron los cortes de manga de la grada para empezar a  sufrir temblores los anti madridistas, que el año que viene verán partidos de Segunda. Aquello comenzaba a encarrilarse, pero luego el partido se empantanó. El Sporting no jugaba, sino que perdía tiempo para mantener el empate. Ya había salido Marcelo en sustitución de Coentrao, que no lo hizo mal, y Mariano, nulo, apareció después en el campo, si les digo la verdad no sé en sustitución de quién, no me acuerdo, ah, sí, de un poco afortunado Lucas Vázquez. Pero, nada: mucho control pero no llegaban los goles. Ya se resignaba el Madrid –que la verdad es que no se resigna nunca– y entonces Zizou, se sacó la flor y pareció escuchar a Valdano, que recomendaba en Bein Sport: “Si yo fuera entrenador del Real Madrid le lanzaría pelotas a Isco”. Así lo hicieron y en una jugada ocurrida en el mismo minuto 90 de partido –Fernández Borbalán iba a conceder tres y luego dio cuatro y pico–, el malagueño agarra una pelota al borde del área, se revuelve como un perenquén sin rabo y lanza un tiro raso que vuelve a sorprender al ya de por sí sorprendido meta local. 2-3 e Isco, que no ha renovado, que gana una Liga, probablemente. Yo, de Florentino, le prometería amor eterno y le pasaría el bolígrafo, porque me da que Bale y sus sóleos nos están matando, a él y a nosotros, poco a poco. Y hay que tener un Isco ahí, que juegue partidos y que resuelva. En varias ocasiones puso a la grada de pie y eso que en Gijón no son madridistas, por culpa de Quini y de Abelardo, que respiran culé. Incluso Abelardo le ponía al Barça el equipo suplente cuando jugaba el Sporting con el conjunto catalán. Igual que el entrenador de la U.D. Las Palmas, el tal Setién, cuando dijo, antes del partido que ambos equipos iban a disputar, que él prefería estar en la grada para tener la dicha de ver jugar al Barcelona. Cojonudo. Entrenas a un equipo y gozas viendo al rival. En fin, “cosas del fútbol”.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com