Efemérides de abril en Garachico (III)

12 de abril de 1654.- El capitán Juan Riquel de Angulo, por parte de Garachico,  y el alférez Juan de Vargas, alcalde de Guía de Isora, firman un contrato sobre derechos y atribuciones a favor de la llamada Casa de los Peregrinos. El inmueble, conocido también como Casa de la Virgen, estaba en la plaza principal de Guía y en ella tenían los peregrinos de Garachico ciertos derechos adquiridos que se ponían de manifiesto en los días de la fiesta de la Virgen. Tales derechos dieron lugar a más de un problema, y más de dos, porque  cada ayuntamiento  interpretaba de forma diferente las normas que se habían establecido en su momento. Los problemas y los inconvenientes se  enconaron en 1868, cuando la  casa fue derribada por orden del alcalde de Guía, sin que los peregrinos de Garachico pudieran hacer nada para evitarlo. Había absoluta incomprensión en las dos partes implicadas en el asunto. La casa que luego fue edificada en el mismo lugar que la anterior se ofreció también a los garachiquenses, con el fin de que pudieran celebrar en ella las reuniones que siempre tenían lugar en los días de la fiesta. La casa está ocupada hoy por el Ayuntamiento isorano.

13 de abril de 1805.- Decreto del Obispo de Canaria por el que se obligaba a los párrocos de Santa Ana a respetar la costumbre de llevar la imagen del Cristo de la Misericordia a  la casa privada de doña Catalina Prieto, hoy Casa de Ponte. Los beneficiados, don Francisco Martínez y don José A. González habían hecho llegar a doña Catalina su protesta, no solo por el traslado en sí, sino por el convite que se celebraba en la casa con muchos invitados y, probablemente, con poco sosiego y frugalidad. Doña Catalina dio su respuesta rechazando de plano las acusaciones, además de aportar unos razonamientos que llevaron al obispo a concederle la razón en el pleito suscitado. Y decía el señor obispo lo siguiente: “Obsérvese la costumbre de llevar la Santa Imagen por este año y, entre tanto, recurran al Tribunal de Canarias, donde se ventilará y decidirá en justicia para que el refresco se ofrezca en pieza totalmente separada. En la actualidad, el refresco ha pasado a un segundo plano y la sala es solo oratorio, como establecían las normas episcopales.

14 de abril de 1639.- Sale del puerto de Garachico el Capitán General del Archipiélago, don Lucas Fernádez de Córdoba, con destino a La Palma, pero la ruta del barco toma un rumbo extraño, lo que da lugar a que se sucedan una serie de incidencias de carácter pintoresco. Al tomar posesión de su cargo, al que había llegado por decisión de S.M. don Felipe IV, el  nuevo capitán general trató de inspeccionar las fuerzas que estaban a su cargo. Llegó a Garachico y, después de cumplir su misión, quiso desplazarse, para cumplir el mismo propósito, a La Palma. Una fragata napolitana que estaba en puerto se ofreció para facilitar las cosas. Pero la fragata cambió de rumbo con el militar a bordo, dirigiéndose a puertos europeos. Al día siguiente se dieron órdenes para salir desde el puerto de la localidad norteña varias embarcaciones, con el fin de apresar la fragata, la cual había cambiado la bandera napolitana por la holandesa. Llegó la embarcación al puerto de Amsterdan sin ninguna novedad y el capitán general fue devuelto a Tenerife. Desembarcó en el Puerto de Orotava, hasta donde se desplazó, para recibirlo, su esposa, doña Juana de Arce y Lugo, quien estuvo todo el tiempo esperando en Garachico. El recibimiento fue de gran emoción y hubo fiestas jubilosas para celebrar el acontecimiento del regreso del militar sin incidentes.

15 de abril de 1608.- Fecha en la que se firman varias escrituras relacionadas con la fundación de capillas en el convento dominico de San Sebastián, levantado años atrás en el lugar en que está actualmente desde 1601. En esta fecha fue trasladado hasta allí desde San Pedro de Daute, donde había sido fundado en el siglo anterior. Las escrituras atañen a Melchor López Prieto, Pedro Díaz, Bartolomé Gan y Francisco Zurita del Castillo, responsables de las capillas de San Amaro, de la Epístola, del Rosario y de San  Jacinto, respectivamente. Sus muros, sus techumbres, sus celdas, sus  salones… construidos con el mejor estilo, su frontis de espléndida arquitectura, altares e imágenes de la máxima calidad dieron al  nuevo cenobio un interés indudable. Y, sin embargo, pese a tanta belleza, la desamortización de Mendizábal terminó con su  brillante ejecutoria y rica construcción.

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