¿Partidos políticos u oficinas de empleo?

De manera muy acertada, el veterano político tinerfeño Alfonso Soriano y Benítez de Lugo, que fue el primer presidente de la preautonómica Junta de Canarias, ha afirmado el otro día en una entrevista radiofónica en la emisora local de la Cadena Cope que “hoy en día los partidos parecen oficinas de empleo”, frase con la que estoy completamente de acuerdo, porque la mayoría de nosotros desconocemos la inmensa cantidad de personas enchufadas por las fuerzas políticas cuando llegan a gobernar en cualquier institución pública.

Me acuerdo que no hace muchos años, antes de la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela, aquí nos reíamos cuando en Caracas se aseguraba que, dependiendo de quién ganara, si los socialdemócratas de Acción Democrática o los democráticos de Copei, los taxistas pasaban a ocupar cargos públicos y quienes desempeñaban cargos de designación volvían a conducir los carros de servicio público, tal era el clientelismo electoral que arrastraban las dos principales opiniones de la república hermana.

El antiguo senador y diputado del Congreso Alfonso Soriano, refiriéndose a su época de parlamentario en activo, no dudó en asegurar en su intervención por la radio que la clase política de la Transición accedía a un puesto de responsabilidad (por elección popular o por designación), no para ganar dinero como objetivo principal, sino para intentar servir lo mejor posible a los intereses de la comunidad, entre otras cosas porque casi todos tenían una economía saneada y no necesitaban ejercer sus cargos para enriquecerse.

Esta clarísimo que la categoría personal de aquellos políticos de la ejemplar Transición (Fraga, Herrero de Miñón, Tierno Galván, Suárez, Gutiérrez Mellado, Carrillo, González, Guerra, Ibárruri, Camacho, Redondo y tantos otros) no es comparable con la mediocridad que se observa actualmente en las dos cámaras parlamentarias del Estado y en los distintos parlamentos autonómicos. Porque estas instituciones se han llenado de oportunistas, de personas que por no tener no tienen ni la virtud de la oratoria y ni saben estructurar sus discursos, como sería deseable, cuando suben a las tribunas respectivas.

Y los partidos que ejercen el poder, aquí, allá y acullá, están gozando, porque al margen de los méritos contraídos por sus militantes, están dando de comer a mucha gente que ya tiene el estómago agradecido, como ha ocurrido con Coalición Canaria en este Archipiélago, que, tras romper el pacto de Gobierno con el PSOE, ha mandado a los enchufados por los socialistas a coger sol los lunes (es decir, al paro obrero) y ha colocado “a dedo” en diversas instituciones regionales a centenares de afiliados. Incluyendo a los que en las últimas elecciones pegaron los carteles de los nacionalistas en las paredes de las ciudades isleñas.

¡Ver para creer! Qué mala pinta tiene todo esto, amables lectores.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com