Algunas divagaciones sobre los nacionalismos

Como muchos amigos y conocidos, que también lo hacían, cada vez que viajaba a algún país y me preguntaban de dónde era, siempre contestaba que procedía de las Islas Canarias, que es una de mis patrias, porque ciertamente me daba vergüenza, durante los años de la dictadura franquista, decir que era español, por el desprestigio que nuestro país tenía en todo Occidente. Y particularmente en los países europeos, cuyos ciudadanos disfrutaban mayoritariamente de regímenes políticos democráticos; y que, en cierta manera, miraban con desprecio a los españoles, porque nos consideraban un pueblo atrasado, inculto y muy primitivo, que sólo era famoso por su clima, por sus corridas de toros, por sus procesiones de santos y vírgenes y por sus tablaos flamencos.

Tristes etiquetas las que nos ponían en el viejo continente, cuyos líderes políticos no quisieron apoyar a la II República y que miraron hacia otro lado cuando los españoles se mataban en una guerra civil fratricida auspiciada por los grandes terratenientes y capitalistas de la Península Ibérica y provocada por un grupo de militares rebeldes que dieron aquel terrible golpe de Estado de julio del 36. Y que ignoraron que la Alemania hitleriana y la Italia mussoliniana ensayaban en España el estreno de la obra bélica que representó la II Guerra Mundial, con trágicas consecuencias, como es sobradamente conocido.

Esa es parte de la triste historia que les tocó vivir a miles de españoles que, precisamente por culpa de nacionalismos mal entendidos, pasaron las de Caín durante los duros años de la posguerra u optaron por exiliarse y buscarse la vida en el extranjero, porque residir en este país representaba para muchos un verdadero infierno.

Bajo ese espacio están las islas./Diario de Avisos.

En realidad, todos tenemos un componente genético que nos hace ser nacionalistas y más aún localistas y mostramos nuestro orgullo colectivo cuando algún paisano (o paisana, ¡cuidado con las feministas!) logra ser célebre por un importante descubrimiento científico, por ser un virtuoso de cualquier actividad artística o simplemente un destacado deportista de alguna especialidad como el populoso fútbol, que tiene miles de millones de aficionados en todo el mundo.

Siempre me llamó la atención que, por encima de otras consideraciones, normalmente se les saque la partida de nacimiento a los famosos, como si fuera tremendamente importante saber el país, la región y la ciudad concreta donde ese sujeto (o sujeta, como dicen ahora los de Podemos) que destaca por algo su bendita madre lo trajo al mundo.

Todas estas breves reflexiones vienen a cuento porque una amiga mía que se llama Ana Vega, a la que aún no tengo el placer de conocer personalmente, mostró su asombro en Facebook, cuando compartí en las redes sociales mi alegría porque el F.C. Barcelona quedase eliminado de las competiciones europeas. Entre otras cosas porque muchos componentes de ese equipo ni son ni quieren ser españoles y apoyan el maldito “procès” de la pretendida independencia de Cataluña, en lugar de ponerse a jugar al fútbol, que es lo suyo, y dejarse de pamplinas y de estupideces. Y como es lo que pienso, lo escribo y muestro de nuevo mi alegría porque, entre otras cosas, suelo estar de acuerdo con mis particulares criterios. Y eso.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com