Hay que saber llevar el uniforme policial

Escribo estas líneas en frío, cuando ya se me pasó la calentura que me cogí a cuenta de un policía municipal de La Laguna, que me denunció porque supuestamente había infringido el Código de Circulación, “obstaculizando la circulación con el coche estacionado en un carril de paso de vehículos” o algo parecido. Les puedo asegurar, y les aseguro, que mi utilitario no molestaba en absoluto el tránsito rodado y, además, me encontraba en el interior del mismo, esperando a otra persona.

El susodicho agente me conminó a voces, desde un coche patrulla, para que que retirara inmediatamente el vehículo; y yo le intenté hacer ver que allí no molestaba a nadie, por lo que insistió en que moviera mi turismo. Acción que realicé enseguida, pero con gran enfado e indignación, porque enfrente de mí había como media docena de vehículos que estaban muy mal estacionados y sí infringían claramente las normas de circulación, ya que se hallaban estacionados en una zona señalada con raya amarilla.

Esta circunstancia se la hice notar a este sujeto (señalándole la situación de los vehículos mal estacionados con gestos, a través del espejo retrovisor), al agente que venía conduciendo el patrullero con una compañera del cuerpo de la Policía Local como copilota.

El policía, en lugar de parar y atender a mis lógicas sugerencias, fue detrás de mí, hasta que logró indicarme que estacionara el vehículo inmediatamente, para proceder a denunciarme. Su compañera me pidió el DNI, el carnet de conducir, y la documentación del vehículo, además de preguntar por radio si estaba al corriente del abono del seguro. Todo ello en un lugar en el que sí molestaba al tránsito rodado, de tal manera que una vez escrita la boleta, el denunciante me dijo, con tono muy irónico, que retirara “ya mismo” mi vehículo, porque de lo contrario me formularía otra denuncia por aparcar en una zona señalizada con raya amarilla. Y, además, añadió que le diera las gracias a mi mujer porque si  no hubiese sido por ella me habría levantado un acta por no sé qué.

Nunca en mi vida, con cuarenta años de experiencia conduciendo a mis espaldas, tuve el más mínimo roce ni problema con agentes municipales o de la Guardia Civil de Tráfico. Y en todo ese prolongado período me han puesto tres denuncias, una por estar mal aparcado y dos por pequeños excesos de velocidad, detectados por radar.

No voy a entrar, a estas alturas de mi vida, a discutir los detalles de estas escenas surrealistas que me tocaron vivir hace unas horas, pero tengo que decirle a alguien que no todo el mundo puede (o debe) llevar un uniforme policial. Porque una determinada vestimenta no es una patente de corso para ejercer cierto abuso de autoridad, ni tampoco es una licencia para mirar con desprecio y por encima del hombro a un contribuyente que solo pretendió demostrarle su descontento por su incomprensión. Porque, además, le expliqué que estaba esperando a una persona que había entrado en una farmacia a comprar un medicamento.

Claro que este “garbancito negro” parece ser una de las excepciones del buen comportamiento y eficacia de la Policía Local del municipio en donde nací y en donde resido y uno de los componentes del llamado “turno de los sindicalistas”, según me comentaron fuentes políticas del propio Ayuntamiento de La Laguna.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com