El Día de la Cruz y José Agustín Álvarez Rixo

El cronista portuense, José Agustín Álvarez Rixo (1796-1883), autor de una numerosa obra que abarca varios ámbitos del conocimiento de su época, publicaría en su obra Anales del Puerto de la Cruz de La Orotava (1701-1872), editada en 1994 con un amplio estudio de la profesora universitaria María Teresa Noreña Salto y la colaboración de las archiveras Emma Calero Ruiz e Hilda Hernández Molina, algunos detalles de interés sobre la fiesta de la Cruz y su desarrollo en el Puerto de la Cruz durante el siglo XIX. De esas apreciaciones rescataremos algunos datos para desarrollar el presente artículo.

El alcalde y cronista del Puerto de la Cruz, José Agustín Álvarez Rixo./Biblioteca ULL.

En el año de 1851, registra una fiesta de la Cruz caracterizada por la belleza ornamental, al igual que en años pretéritos, manifestando que ese año tocaría ser prioste al vecino Andrés Espinosa de los Monteros, quien junto a otros artesanos del lugar, interpretarían diversas melodías en instrumentos de viento “con gusto de la concurrencia en la iglesia y procesión”. Álvarez Rixo, anotaría ese mismo día su satisfacción por presidir “como primer magistrado en este año secular para este pueblo, puesto que cumple dos siglos del establecimiento de su real municipio, efectuando en dos y tres de mayo de 1651”. Curiosamente para el año de 1854, anota que no hubo función ni procesión en torno a la Cruz, pues, al parecer, correspondía costear a Antonio Perera como prioste los actos. Sin embargo, decidió “no conceder más de treinta pesos para gastos de iglesia”. Esa cantidad de dinero sería considerada por los eclesiásticos como insuficiente, decidiendo, finalmente Perera, no entregar nada.

La fiesta de la Cruz del año 1855 sería importante, con bellas flores presentes a lo largo de las capillas de la localidad. Álvarez Rixo registra la casualidad de coincidir ese año el cargo de prioste en la figura del primer alcalde, asistiendo a la función parte de los miembros del Ayuntamiento. Como curiosidad, registra la insistencia del párroco de continuar con una costumbre antigua del pueblo mediante la realización de un elemento de cera.

Una procesión de la Cruz en la ciudad portuense./Ayto. Puerto de la Cruz.

En el año 1858, se desarrollaría la función de la Cruz siendo “prioste el niño don Luis González de Chaves” (luego alcalde de la ciudad y abogado civilista). Dos años después, recoge el desarrollo de los actos marcados por la celebración en un día de alegría con las cruces “enramadas y algunos fuegos artificiales”, siendo prioste Juan Domínguez Villareal. En 1861, la fiesta de la Cruz se desarrollaría “con bastante enramada”, apuntando como “la calle del norte lo estaba desde la carnicería hasta la cueva del Pino, con faroles y en ella se quemaron varios fuegos de artificio” y respecto al año 1862 tan solo señalaría las características similares a las del año anterior. Por su parte, en 1864, la fiesta de la Cruz se desarrollaría con normalidad, siendo prioste Domingo Nieves y Molina. En otras ocasiones, tal y como anotaría en 1868, el Día de la Cruz no tendría la difusión esperada como consecuencia de chubascos inesperados y, tan solo un año después, recogería algunas características asociadas a la celebración del día, lamentándose por no encontrar flores de estación en la celebración religiosa desarrollada en la iglesia matriz. En el año 1871, registraría la presencia de la Banda de Música de La Orotava en el lugar, mientras que, en 1872, apuntaría los actos desarrollados en torno a la parroquia y el enrame al efecto.

Son, pues, diversas anotaciones que nos sitúan ante el desarrollo de la festividad de la Cruz en el municipio del Puerto de la Cruz durante una parte del siglo XIX, reflejando algunas características sobre su desarrollo bajo diferentes circunstancias.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com