Faltas de respeto

De vez en cuando alguien se queja de que alguien “le falta al respeto a los canarios”. No hace mucho, sin necesidad de ir más lejos, el director de un periódico canarión utilizó tan socorrida —a la vez que manoseada— expresión para referirse al presidente de Repsol a cuenta de unas manifestaciones postreras de este señor sobre las prospecciones petrolíferas a 60 kilómetros de las costas isleñas más próximas. Ahora ha sido un político de renombre —aunque apeado de la política con una patada donde la espalda pierde su casto nombre— quien se queja de que Rajoy —o “Madrid”, por mencionar otro mantra del nacionalismo vernáculo— les falta al respeto a los canarios a cuenta del telurio.

Faltas de respeto siempre las ha habido. Eso sí, puestos a ordenarlas —o clasificarlas— por su importancia, no sé si sería mayor la conducta indecorosa ante la dignidad debida a todos los isleños que lleva cometiendo Coalición Canaria desde hace veintitantos años —casi treinta— con los “ejemplares” logros conseguidos en educación, sanidad, empleo, cohesión social y algún que otro etcétera. Porque, si no me falla demasiado la memoria reciente, estamos en el pelotón de cabeza del fracaso escolar español —que a su vez lidera la pifia educativa en Europa—, nuestras listas de espera para recibir atención sanitaria especializada son de las más largas de España —asunto en el que nos equiparamos a los catalanes; ¿por qué será?—, ostentamos las mayores tasas de desempleo —sobre todo el juvenil— de un país que, de nuevo, se sitúa a la cabeza del ranking europeo al respecto y nuestro orgullo como pueblo, por así decirlo, tampoco está para muchos trotes, si exceptuamos al mago que el otro día descalabró el jardín del edificio en el que vivo mientras mencionaba el inalienable derecho de “pisar su tierra canaria”. Que así sea.

Cabría deducir de lo anterior, en el supuesto de que hubiese escrito lo anterior con la intención de destilar alguna conclusión, que Fernando Clavijo es un paladín más —acaso el último hasta ahora, pero no el último definitivo— de este ultraje continuo y considerable a la dignidad de los canarios. Falsa tesis, me apresto a precisar, porque el actual presidente del Gobierno regional ha conseguido la innegable proeza de anular por completo cualquier afección social que padezcan estas islas. Revelado como un auténtico mago de la política —y no precisamente en el sentido que se usaba tal término con su antecesor—, ha conseguido Clavijo rodear al archipiélago de una atmósfera inerte en la que resulta imposible, por no decir indeseable, cualquier reacción ante la más osada de las felonías políticas, incluida la manifiesta incapacidad de su Ejecutivo para resolver el más irrisorio de nuestros problemas. Una forma suave, y hasta educada, de decir que a los canarios les mean encima sus propios gobernantes sin que la micción les resulte oprobiosa; más bien, todo lo contrario.

En definitiva, enhorabuena para un presidente que, además de todo lo demás, ha conseguido que Rajoy lo llame a él, y no al señor Antona —hay tontos útiles pero también menudean los inútiles— cuando quiere enterarse de algo sobre Canarias y también, por qué no, cuando quiere que se haga algo en Canarias.

ricardopeytavi@gmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com