Cohabitar consigo mismo

Acabo de leer un interesante artículo en Le Monde, titulado: El PS en cohabitación consigo mismo, que da una idea de la división de los socialistas franceses ante la victoria de Macron y su posicionamiento ante las próximas elecciones legislativas del mes de junio. Podríamos entender que existen tres posturas bien diferenciadas siguiendo las declaraciones de Manuel Valls, de Ségolène Royal o de Benoit Hamon. Aunque las dos primeras parecen coincidentes, el anuncio de Valls ofreciéndose como presidente del Gobierno va más allá de un mero apoyo parlamentario. Dice que se debe construir una mayoría fuerte, duradera y coherente. (Nous devons batir une mayorité présidentielle large et coherente à l’Assamblée), Ségolène plantea la urgencia por consolidar la victoria de Macron en una mayoría parlamentaria (Il faut transformer cette victoire présidentielle en mayorité parlamentaire), y Benoit Hamon no se apea de su idea de formar un frente de izquierdas con los ecologistas Cécile Duflot y Yannik Jadot, con los comunistas, y, si él quiere, con Jean-Luc Mélenchon. Más o menos como en España, si tenemos en cuenta la opinión de Felipe González, proponiendo un Gobierno de concentración, la abstención que propició la Gestora, para garantizar una estabilidad en la Cámara, o el No de Pedro Sánchez, sólo viable con un pacto con Podemos y los nacionalistas si quería evitar unas nuevas elecciones. Este panorama de división ha llevado a los socialistas franceses a obtener poco más del seis por ciento de los sufragios en las presidenciales. Vamos a ver qué ocurre en las legislativas. A la vista de las declaraciones de los distintos representantes la fisura interna se presenta más acentuada.

De izquierda a derecha, Emmanuel Macron, Segolène Royal y Manuel Valls.

En España andamos peor, porque lo que podría ser un debate sobre la oportunidad de distintas estrategias se ha convertido en un intercambio de descalificaciones insultantes que va a ser muy difícil reparar. Todo empezó el día en que Pedro Sánchez aguantó impertérrito lo de la cal viva. Allí estaba dejando a la tradición reciente de su partido a los pies de los caballos. Iglesias se despachó a gusto y no pasó nada. Es más, después de un tiempo, en la entrevista con Jordi Évole, manifestó sus simpatías por Podemos, lo que no se podía entender sino como su discrepancia manifiesta contra la vieja guardia de su partido. Lo mismo hizo cuando el alcalde de Calasparra llamó mafia a los integrantes de la Gestora con todo su beneplácito. Al menos su correligionario Zapatero no permitió que Hugo Chávez insultara a José María Aznar, y eso que no era de su partido. La educación no permite estas cosas, pero cuando no la hay no se pueden pedir peras al olmo.

Francia está a la vuelta de la esquina, cruzando los Pirineos, así que no hace falta ir muy lejos para comprobar qué es lo que nos puede pasar. Sería mucho pedir que la sensatez de algunos dirigentes políticos les haga rectificar en sus propuestas, así que ésta habrá que recabarla de la militancia que va a depositar su voto en las primarias. Deberían mirar al vecino y ver la que se les viene encima. De todas formas, no tengo demasiada confianza en que lo hagan.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com