Las buenas perspectivas

Me alegra leer noticias sobre las buenas perspectivas para el empleo en los meses y años venideros. Verbigracia, la que hace referencia al informe sobre la situación de Canarias elaborado por el BBVA, con una previsión del crecimiento del PIB regional del 3,5 por ciento para este año y del 2,8 % para 2018. Guarismos, yendo directamente a lo importante, que podrían sustantivarse en 60.000 nuevos puestos de trabajo de aquí a finales del próximo año. De ser así, y ojalá sea así, el paro en el Archipiélago se reduciría al 21,5%. Un “ingente” logro, qué duda cabe, habida cuenta de que el desempleo en la UE es del 8,2 por ciento y en el conjunto de España ronda el 18 %. Bien es verdad que estas Islas en las que vivimos han de estar siempre un poco —o algo más que un poco— por detrás de la España peninsular. Lo peor no esto, con todo lo grave que es esto; lo peor es que en algunas tertulias radiofónicas y televisivas ciertos comentaristas peninsulares se andan rasgando las vestiduras porque Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, quiera “extorsionar” al Gobierno de Mariano Rajoy a cuenta de su esencial voto para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, “cómo si Canarias fuese el País Vasco”. Indudablemente, siempre tiene que haber algún godo opinando. O muchos a la vez. Pero sigamos con el informe del BBVA.

Señalan los expertos de este banco que el auge de la economía canaria se sustenta en la recuperación del consumo, de forma especial el privado, con un incremento superior a la media nacional. Seguidamente señalan los autores del análisis la mejoría notable del sector inmobiliario, tanto en el número de inmuebles vendidos como en los precios de las transacciones. ¿Es que no hay más alternativas que volver a hinchar la burbuja del ladrillo? ¿Es que no ha sido suficiente la crisis del 2007 —de la que diez años después seguimos sin recuperarnos— para escarmentar? ¿No hay opciones en el desarrollo de energías renovables —con innovaciones tecnológicas susceptibles de exportarlas posteriormente con un notable valor añadido—, desalación de aguas o incluso, quedándonos en el sector industrial, extender a Tenerife la ya pujante reparación naval que se realiza en el puerto de Las Palmas? Parece que no. Parece que el empresario local persiste en adentrarse por caminos fáciles. Lo malo es que esas rutas suelen conducir al desastre. “Ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella”, escribió San Mateo hace ya bastante tiempo. Aunque pedirle a unos empresarios —mismamente a unos políticos— esencialmente iletrados que lean al menos el Nuevo Testamento es más osado que pedirle peras al olmo. O ir a la mar por naranjas.

Hace referencia el BBVA igualmente, cómo no, a la importancia de un sector turístico en creciente auge. La pregunta, sin pretender caer en los revuelos de las moscas cojoneras, es quiénes ocuparán esos puestos de trabajo. O quiénes los están ocupando ya, considerando que un día de la pasada Semana Santa el camarero que me atendió en una cafetería de La Gomera era cubano. Y que el otro día el empleado de una gasolinera del sur de Tenerife, en la que paré para repostar, era marroquí. Nada tengo contra Cuba y los cubanos ni Marruecos y los marroquíes. Cuento con amigos en ambos países y me siento muy bien cuando estoy entre ellos, pero, ¿y los canarios? ¿Puede decirme alguien, no ya de un banco significativo como es el BBVA sino de esa cuchipanda de asesores enchufados por el nacionalismo vernáculo que asesoran a Clavijo y sus adláteres, por qué no acceden a esos puestos de trabajo las decenas de miles de isleños que siguen en paro?

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com