El socialismo europeo se bate en retirada

La descomposición del socialismo en toda Europa no constituye ya ninguna novedad. Se conocen sobradamente las dificultades de los partidos socialdemócratas de Alemania y Holanda y la desintegración de sus homólogos en Italia y Grecia. Y no solo en esas naciones. La desaparición del socialismo francés es una evidencia, tras la estrepitosa derrota en las elecciones presidenciales de su último líder, Benoit Hamon, motivada en cierta medida por las primarias en las que se impuso la voluntad de los militantes más radicales. Deberían aprender los socialistas españoles ahora que están a punto de asomarse al abismo.

En el Reino Unido tampoco andan muy bien. El extremismo del líder laborista, Jeremy Corbyn, que tiene en cartera un programa fiscal altamente confiscatorio, se enfrenta a una rebelión interna en su partido donde más de cien diputados ya han manifestado su intención de fundar otra formación con un carácter más centrista. El motivo o la causa son muchas. Nacionalizaciones, subsidios y nuevas tasas copan el programa de Corbyn y dejan a May la centralidad.

Ayer mismo, cuando escribo estas líneas en la festividad de San Isidro, en el tradicional feudo de la socialdemocracia alemana, Renania del Norte-Wesfalia, una región de más de dieciséis millones de habitantes, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel obtuvo un 34,5 de los sufragios y ello mientras los socialistas retrocedían casi un diez por ciento de los votos y registrando su peor resultado en la región desde 1947. Los analistas coinciden mayoritariamente en que, al menos que Alemania sufra algún grave y violento contratiempo, la canciller Merkel volverá a ganar.

Pobre PSOE, con estos candidatos: Sánchez y Susana. Confirma su crisis europea./La Sexta.

¿Qué ha ocurrido para que la socialdemocracia, que fue preponderante en toda Europa, haya entrado en una crisis de tales dimensiones? A mi juicio han sido sus anacronismos obsesivos y su incapacidad, en la hora actual de la globalización, de aportar un modelo de gobierno y de organización basado en las economías abiertas de la unión monetaria. El gran error de los partidos socialistas ha sido, acuciados por la fiebre populista generada por la última crisis, haber tratado de imitar el tono y los mensajes demagógicos de los grupos antisistema, alejándose de los sectores sociales urbanos más formados y capacitados que detestan las simplezas políticas y la palabrería sin contenido alguno.

Todo lo anterior nos lleva, finalmente, a la consideración de lo que es y representa en la actualidad el socialismo español. El PSOE está en la difícil encrucijada que tanto ha dañado a la socialdemocracia europea. Que el PSOE, por ejemplo, haya vuelto a recurrir al antifranquismo como eje argumental, demuestra y pone en evidencia lo lejos de la realidad que está este partido. Y ello no es solo malo para el socialismo español, sino para España. El PSOE no puede cometer los mismos errores que han llevado a la irrelevancia al resto de la socialdemocracia, y que son precisamente los que se encuentran y articulan las propuestas de Pedro Sánchez. En estos momentos el PSOE sigue siendo una necesidad vital en el escenario político español. Le avala su trayectoria en la consolidación de la democracia española, su alternativa de gobierno y su sentido de Estado. Nadie debería desear su desaparición sino su refundación y actualización.

El debate socialista protagonizado por los tres candidatos, hace dos días, fue lamentable. No fue un debate de propuestas ni de programas. Fue una cascada de golpes bajos y de reproches mutuos. Así nada se construye. Todavía no se han dado cuenta de que el libre mercado y las empresas son las creadoras de empleo. Mientras el PSOE no rectifique y asuma la evidencia de que la socialdemocracia no puede evolucionar hacia recetas y actitudes fallidas, se desangrará a su izquierda y a su derecha. Ofrecieron Pedro Sánchez y Susana Díaz un nivel muy bajo y pobre. Sánchez expuso un modelo absurdo e impresentable, ajeno a la tradición socialista y haciendo de la frustración un proyecto para convertirse en el candidato del rechazo, de la ruptura, de la ira. Este hombre no va a lograr nada, pero va a contribuir decisivamente a dinamitar su partido.

Ojalá no sea Pedro Sánchez la bandera que Podemos agite ante la cara de los socialistas. Sería una pesadilla fantasmagórica.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com