La monja fantasma de Ofra

Como muchos de ustedes saben, existen muchas leyendas urbanas sobre la presencia de fantasma y espectros en muchos hospitales del mundo y hasta dos escritores (un sanitario y un periodista) publicaron hace meses un libro que cuenta curiosas historias ocurridas en Tenerife en varios centros hospitalarios de la isla.

En los últimos días, el equipo quirúrgico del oftalmólogo Jorge Álvarez, que realiza intervenciones de corrección de cataratas actualmente en el Hospital del Tórax –que depende orgánicamente del de Nuestra Señora de la Candelaria–, me ha atendido en sendas operaciones en dicho centro y mientras he esperado a las respectivas intervenciones he tenido oportunidad de hablar ampliamente con el personal del centro; por cierto muy amable, muy simpático y muy competente.

Allí se trabaja en un ambiente familiar, muy cordial y de manera solidaria en equipo, lo que es un auténtico ejemplo para otros hospitales. Y no digamos ya de los que atienden a los enfermos paliativos, verdaderos sanitarios vocacionales que ayudan a morir de manera serena a los pacientes terminales ingresados.

Una de estas mañanas, cuando aún no había terminado de amanecer, una de las enfermeras me comentó la supuesta existencia, en la última planta de este antiguo Hospital del Tórax, del espectro fantasmagórico de una antigua monja que trabajó durante años allí y que, por lo que cuentan, sigue recorriendo los pasillos de la última planta del inmueble, haciéndose notar con una serie de ruidos, sobre todo por la noche, y hasta hay quien afirma que ha visto diversos movimientos de sombras por algunas estancias del hospital.

Uno no cree ni dejar de creer en estas historias, pero algo habrá de cierto en todo esto, porque pienso que hay otras dimensiones existenciales, extrasensoriales, que curiosamente sí son advertidas por otros seres vivos, como los perros, que muchas veces se quedan mirando fijamente hacia un sitio determinado, sin explicación aparente.

Hay quien afirma que esos espectros son de almas de personas que todavía no se han ido de este mundo, de la atmósfera que conocemos, por razones que muchos no llegamos aún a entender del todo. Pero lo cierto es que algunas personas aseguran que en el Hospital de Ofra vive una monja fantasma, que se hace notar de vez en cuando, como ocurre en el Palacio de Linares en Madrid (hoy Casa de América) o, sin ir más lejos, en la Casa de Lercaro, en la calle de San Agustín de La Laguna (en la actualidad sede del Museo de Historia de Tenerife). Allí, la joven Catalina, que se suicidó hace muchos años, el día en que sus padres la obligaron a casarse con un viejo decrépito, ya ha dado más de un susto a unos cuantos personas vivitas y coleando, algunas de las cuales no quieren ni hablar de estos extraños sucesos.

Vayan ustedes a saber si la monja del Tórax estuvo presente durante mis recientes operaciones de cataratas. Si fue así, a mí no me molestó para nada e igual colaboró en que fueran exitosas. ¡Quién sabe, amables lectores!

pacopego@hotmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com