Las banderas escocesas son como las nuestras

El Lago Ness da un poco de repelús.

Las banderas escocesas son como las nuestras, o si quieren las banderas de Tenerife son como las escocesas. La segunda vez que fui a Escocia hice el viaje invitado por las destilerías “Justerini and Brooks”, la tercera bodega que más vende en el mundo, tras “Johnnie Walker” y “Ballantine´s”.

Es curioso ver cómo se fabrica este licor que hace furor en los mercados mundiales desde tiempo inmemorial. Es curioso también que los escoceses se lo tomen en chupitos, en vez de en vaso ancho o de tubo, con hielo y agua, con gas o sin gas. O con agua de coco, como lo beben en el Caribe.

Además de la bodega nos dieron una espléndida excursión por Escocia. Yo ya conocía Edimburgo, a donde llegué una vez procedente de Belfast, en Irlanda del Norte; allí me alojé en un hotel cuya entrada estaba llena de sacos de arena. Eran los tiempos del IRA en su máximo exponente. Edimburgo es una ciudad monumental y en verano debe ser una delicia. Llegamos a ese aeropuerto en un “Vikker Viscount” –era invierno–, en medio de una tormenta que casi no nos tira. Las azafatas lloraban.

“JB” nos dio, años más tarde, a un grupo de “líderes de opinión” de las islas,  una excursión preciosa por el Lago Ness. Parece mentira que surcar aquellas aguas tan tranquilas nos aportara algo de inquietud a causa de la leyenda que se inventaron los escoceses para atraer turistas a la zona. El monstruo, naturalmente, es un camelo. Nadie lo ha visto y todo el mundo habla de él. Y hay testimonios increíbles de su existencia, todos falsos.

Destilerías “Justerini and Brooks”, en Escocia.

En un pub de Escocia, Elfidio Alonso, director de “Los Sabandeños”, con un timple hecho a partir de una caja de puros fabricada en Cuba, estrenó para nosotros, y allí se cantaron, las “Sevillanas canarias”, que luego hicieron furor y fueron incluidas en discos del gran conjunto musical tinerfeño.

Ya digo que la excursión por Escocia fue preciosa: visitamos la destiladera, navegamos, recorrimos los campos de Escocia, con sus rebaños de ovejas y su verdor espléndido y nos vestimos con el traje típico escocés, además de bailar danzas escocesas muy plásticas, muy curiosas.

“JB” nos dio un viaje perfecto, dirigido por un buen conocedor de Londres como era Antonio Cos, gerente de la empresa que representaba a “JB” en la provincia tinerfeña. En Londres cenamos en uno de los clubes más exclusivos de la capital británica, el “Anabel´s”, que ya yo conocía porque mi amigo Florentín Castro, paz descanse, era socio de este impresionante local. También del “White Elefant”, donde me encontré una vez, en los urinarios, a Demis Roussos, con la túnica arremangada, meando. El “White Elefant” es otro de los clubes más prestigiosos de Londres. Allí va la creme de la creme. Otra vez andaba por allí el príncipe Andrés, cenando con el actor Michael Caine y una novia que tuvo el hijo de la reina Isabel (¿se llamaba acaso Koo Stark?). Y otra vez, no sé si en el “Anabel´s” o en el otro, cenaba junto a nuestra mesa la actriz Joan Collins.

Una vista de Edimburgo./wikipedia

Recuerdos del Reino Unido, donde he pasado muy buenos ratos y a donde he llegado por todos los medios posibles, hasta por el túnel del Canal de la Mancha, en un tren que parece el tren fantasma. Y, encima, se averió durante unos minutos, si no recuerdo mal. Pensar que teníamos el océano encima daba vértigo.

Agradezco a “JB” y al Patronato de Turismo del Cabildo, que me invitaron, aquellos viajes tan bien organizados. Durante nuestra estancia en Inglaterra jugamos un partido de fútbol contra un equipo de chicas y el portero de nuestro equipo era ¡Alfonso García Ramos! El político norteño Lorenzo Dorta hacía maravillas con el balón como delantero. Fue en Bradford. No se me olvida. Ya me alejé de Escocia, como es habitual en estas crónicas de viaje en las que lo mezclo todo. Este viaje al Midland, a Londres, a Belfast y a Escocia no tiene nada que ver con “JB”.

Todavía conservo una botella de “Knockando” con mi nombre dibujado a plumín en la etiqueta, una pequeña joya, que me regalaron en la bodega. Y su contenido sigue intacto, esperando la mejor ocasión. Tiempos en los que atábamos los perros con longaniza. Tiempos mucho mejores que éstos. Porque, desde luego, como dijo el poeta, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com