La venta del Popular al Santander: no entiendo nada

 

  • Si un ciudadano vende una propiedad por un euro, el notario no firma la escritura. A la banca, sí

Un amigo se encuentra absolutamente desolado. Me cuenta que todo lo que había ahorrado en su vida lo había invertido en acciones del Banco Popular, una entidad del sector privado considerada como una de las mejores del mundo hace solo unos años, calificación que precisamente le encendió a él la lucecita para depositar su pequeña fortuna en un sitio seguro.

Me cuenta que ahora, con el permiso de los burócratas de la Unión Europea y con el beneplácito del Gobierno del Partido Popular (cuyo presidente, el señor Rajoy, ha demostrado por activa y por pasiva ser un excelente amigo de los banqueros españoles) ha dejado, de la noche a la mañana, de ser un pequeño accionista del Popular, tras la compra de la entidad por un grande de la Banca de este país, el Santander de la familia Botín, cuya presidenta lo ha comprado ¡por un euro! (algo de escándalo); y yo les manifiesto mi parcial ignorancia en estos asuntos financieros, porque sencillamente no entiendo absolutamente nada.

Si usted va a venderle a un amigo suyo alguna propiedad por un euro, esa operación no la puede realizar, porque ningún notario firmaría la correspondiente escritura y, aunque fuera posible, habría que pagar las correspondientes plusvalías y unos elevados impuestos, acordes con la tasación de una finca o de un bien concreto; porque aquí las leyes parece que sólo se aplican a los ciudadanos normales y corrientes, mientras las grandes fortunas están exentas o tributan muy poquito.

Por si ustedes no lo sabían, aunque lo sospechasen, la Banca española es usurera, no tiene la menor vergüenza en atracar a los millones de cuentacorrentistas y clientes con poco poder adquisitivo, a base de cobrar unos intereses abusivos por cualquier préstamo, comisiones por la más mínima operación y, dentro de poco, tendremos que pagar por pisar la oficina de una sucursal de cualquier entidad o por poder operar en nuestra propia cuenta a través de la Internet.
El otro día me llamó la directora de la oficina de un banco donde tengo una modestísima cuenta corriente y me dijo, con toda su desfachatez (no la de ella, sino en nombre de la entidad para la que trabaja), que le gustaría que me pasase un día de estos por su despacho, para preguntarme algunas cosas muy particulares, para saber a qué me dedicaba profesionalmente, e incluso para preguntarme si ejerzo algún cargo político, algo que me parece inaudito, por cuanto uno no debe ni tiene por qué facilitar datos personales íntimos a ningún banco.

¿Se han convertido últimamente estas entidades –que presuntamente delinquen practicando una usura intolerable–también en investigadores privados, cual policía económica de sus clientes? Todo esto me produce indignación y asco y, si les expreso lo que pienso, me preocupa muchísimo, porque se están sobrepasando tres pueblos pidiendo datos sobre cuestiones muy personales y están invadiendo espacios privados que tiene mucho que ver con la privación del derecho que todo ciudadano tiene a su intimidad.

¿A dónde vamos a llegar con este Gobierno tan colaboracionista con los ocultos poderes económicos de este desgraciado país? ¡Qué miedo!

pacopego@hotmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com