Atornillarse al poder

Leí una expresión de un militar de Venezuela, descontento con la nefasta evolución de la supuesta democracia actual de la República bolivariana que me hizo mucha gracia, cuando afirmó que “el “hijo de Chaves” (Nicolás Maduro) lo que quiere es atornillarse al poder con el pretendido proceso constituyente”.

Si les soy sincero, que siempre me gusta serlo, no cabe duda de que el verbo “atornillar”, en este caso, forma parte de una frase muy ocurrente y acertada, porque el heredero de aquel iluso militar golpista, que llegó a ser presidente del país hermano, un bruto de mucho cuidado como Maduro, lo que quiere es perpetuarse en el poder de forma vitalicia, a pesar de todos los pesares y en este caso el “gorra grande” que hizo estas declaraciones fue muy elocuente al expresarse de la forma que lo hizo.

Ignoro la atracción que tiene para algunas personas el poder político y/o económico, pero lo cierto es que nadie que llega a una poltrona y disfruta de determinados privilegios quiere irse voluntariamente, aunque en democracias formales, en auténticos estados de derecho, los votos de los ciudadanos ponen y quitan a sus gobernantes, afortunadamente.

Aunque también es verdad –todo hay que decirlo– que la Democracia, con mayúscula, se desvirtúa muchas veces por extraños pactos entre distintos partidos, una vez celebradas las oportunas elecciones, como ha pasado tradicionalmente en este Archipiélago, donde primero ATI, luego AIC y más tarde Coalición Canaria han pactado durante los últimos años con quien sea y como fuera, para perpetuarse en el poder y servir fielmente, de esta manera, a los grandes intereses de los quince o veinte grandes clanes familiares, muy poderosos, que deciden el presente y el futuro de esta región fragmentada, según sus caprichos.

ATI, AIC y CC son, para que quede claro, el mismo perro con tres collares distintos, muy parecidos entre sí, ora con colores insularistas, ora con matices nacionalistas; pero fieles servidores, como bueno canes nobles, de sus amos poderosos, quienes les encargan un tarea de domesticación: alienar a un pueblo sumiso con fiestas, tenderetes, romerías, carnavales, jolgorios, excursiones y comilonas, que al final termina pagando el mismo pueblo, porque todos esos actos alienadores se pagan con dinero público, no se vayan ustedes a creer lo contrario, que aquí nadie regala nada.

Estos “nacionalistas” (sic) han creado, durante cuarenta años, toda una maraña social, compuesta por una masa popular agradecida que depende económicamente del poder establecido.

Tengan en cuenta los millones de favores que han concedido los dirigentes del partido en el poder, durante cuatro largas épocas, a decenas de miles de isleños: puestos de trabajo en empresas públicas y mixtas, contratos en las administraciones autonómica, insulares y locales; subvenciones a grupos de carnaval, folklóricos y de todas las variedades posibles; a las comisiones de fiestas de los distintos barrios y pagos repartidos por toda la geografía archipielágica. Y no digamos nada de las dádivas a presidentes y miembros de asociaciones vecinales.

El otro día le comentaba todo este embrollo a una destacada dirigente de la antigua ATI, que reconoció que todo eso era como lo estoy narrando, y me contestó, a tumba abierta: “¿Y qué? ¿Es que eso no lo hacen los del PP o los del PSOE allá donde gobiernan?”.

Seguramente, esta querida amiga tenga mucha razón, pero a mí lo que me importa es La Laguna, Tenerife y Canarias y da la casualidad, mi niña, que en estos tres sitios gobiernan los autodenominados “nacionalistas”. Desde hace demasiados años. Y eso.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com