Cuarenta años después

Se cumplen ahora cuarenta años de la celebración de las primeras elecciones legislativas democráticas en nuestro país, después de la triste y penosa larga etapa de dictadura franquista que tuvimos que sufrir millones de españoles, como consecuencia de los enormes disparates cometidos por la izquierda revolucionaria durante la II República (1931-1936). Y más directamente por el golpe de Estado de los militares rebeldes, encabezados por el pequeño general gallego, que provocó la trágica y horrible guerra civil (1936-39).

Como algo excepcional, la clase política (encabezada por un inolvidable Adolfo Suárez, el primer presidente democrático de la España de nuestros días) supo transformar aquella dictadura en un sistema de libertades y, tras no pocos obstáculos y tropiezos, se celebraron finalmente unas elecciones con una masiva participación de votantes, que decidieron hacer ganador al líder natural de Unión de Centro Democrático (UCD), partido que él mismo había creado tras desarmar todo el organigrama del llamado Movimiento Nacional.

No hace falta decir aquí y ahora que, aparte de Suárez, tuvieron un papel destacado en la Transición personas como el propio rey Juan Carlos, el presidente de las Cortes, Torcuato Fernández Miranda, y los dirigentes Santiago Carrillo (Partido Comunista), Felipe González (PSOE), el conservador Manuel Fraga (luego líder del PP) y Enrique Tierno Galván (PSP), por citar solo a los más destacados.

Una vez limpias las alcantarillas del anterior régimen, con la dimisión/cese de Arias Navarro como presidente del Gobierno, Suárez logró legalizar al PCE y convocar los comicios generales y acabar con un oscuro y prolongado período histórico.

Me tocó vivir aquellas primera elecciones siendo muy joven, con apenas 17 años de edad y no pude ejercer el derecho a voto, porque no había alcanzado la mayoría de edad, que entonces estaba fijada en los 21 años (la Constitución del 78 la rebajaría a 18), pero la inmensa mayoría de los ciudadanos pudimos contemplar la enorme alegría e ilusión que representaron aquellas elecciones legislativas.

Trabajaba quien esto escribe, por entonces, en la redacción del periódico vespertino “La Tarde” y fui testigo de las revueltas y reivindicaciones democráticas de la juventud en la Universidad de La Laguna, donde cursaba en aquel momento el segundo año de la carrera de Filosofía y Letras (sección de Geografía e Historia).

Fueron momentos históricos, emocionantes y trascendentales para la Historia de España, porque el país se abría al mundo y sus habitantes adquirían la condición de ciudadanos con derecho a voto, cuestión que no se debe olvidar nunca jamás y que hoy vemos como una cosa absolutamente normal.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com