Brevedad, concisión y capacidad de síntesis

Desde que era un joven imberbe y sin experiencia en este oficio del periodismo, aprendí –hace ya más de cuarenta años– a tener capacidad de síntesis y a ser breve y conciso en todo lo que desde entonces me ha dado por escribir o he tenido que hacerlo por obligación profesional.

En este gremio hay un dicho muy cierto que se refiere al tamaño de las informaciones y comentarios, de los artículos y reportajes, que afirma que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, porque creo que una de las mejores virtudes de un periodistas es –aparte de informar verazmente, contrastar los hechos que cuenta y ser lo más objetivo posible– informar y formar a los destinatarios de su mensaje con textos y palabras breves y concisas.

Pienso que todo esto lo debemos aplicar también a nosotros mismos en nuestras relaciones sociales interpersonales, porque hay seres humanos que no saben terminar una conversación, ya sea de tú a tú, físicamente, o a través de otros medios de comunicación como el teléfono (fijo o móvil) y las redes sociales (WhatsApp, Facebook o chat de cualquier sistema informático presente en la redes de la Internet).

Que nadie se sienta por aludido, porque no me refiero a ningún caso en concreto, pero hay personas inoportunas que llegan incluso a molestar a sus interlocutores, con llamadas o mensajes a veces innecesarios, con los que llegan a faltar al respeto de sus destinatarios.

Mención aparte son aquellos hombres y mujeres, hechos y derechos que, como he indicado antes, no saben o no quieren acabar un diálogo y se alargan en las despedidas, con nuevos mensajes en el WhatsApp o en el chat correspondiente, a pesar de que uno les indica, directamente, que tiene que quiere terminar para irse a acostar porque es muy tarde o que es la hora de comer o por cualquier otra circunstancia.

El respetito es muy bonito, como se dice popularmente. Por eso, todos debemos aplicarnos el cuento y no caer pesados, no ser auténticos pelmas y aprender a respetar el tiempo de los demás. ¿Se acuerdan de aquella máxima de que la libertad de cada uno termina donde empieza la del otro? Pues eso. Hasta otra ocasión, amables lectores.

pacopego@hotmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com