La concordia inolvidable

Cuarenta años nunca han sido poca cosa. El 15 de junio de 1977, los españoles pudimos votar por primera vez. Fue un paso de gigante. En esa travesía llegamos a la otra orilla, la de la democracia. La llamada Transición nos llevó de la orilla de la dictadura a la de la ansiada libertad. Qué emoción recordar aquel día. Se había superado el pasado y cerrado las heridas. Aquello fue un ejemplo de concordia valorado en todo el mundo. Las elecciones constituyentes, las primeras en libertad desde 1936, pusieron la primera piedra de una inmensa transformación en nuestro país.

Comenzaba a quedar atrás una España irreconocible hoy día. La España cetrina y pobre del 77 se ha transformado en un país avanzado y enganchado al progreso. Millones de jóvenes actuales ni la conocieron, ni la vivieron, ni se han interesado tampoco muchos de ellos por nuestro pasado e historia. Hay quienes ahora creen que siempre ha existido la alta velocidad, la sanidad universal, las autopistas, la educación y cultura, los televisión, el móvil y, sobre todo, poder expresarse en libertad, manifestarse, discrepar, votar. No son, en suma, capaces de valorar y saber lo que tienen porque no lo han perdido nunca, aunque deberían hacer un esfuerzo pedagógico de comprensión y entendimiento.

Durante muchos años se ha conmemorado unánimemente la Transición y a los protagonistas de un momento histórico trascendental para España. En la actualidad, sin embargo, el populismo y el secesionismo plantean una enmienda a la totalidad de este preciado legado, como hemos visto esta misma semana en el Parlamento. Podemos se ha propuesto acabar con aquel consenso y ofrecernos el diseño de una España nuevamente enconada en la diferencia ideológica y territorial. La moción de Podemos no ha sido realmente contra el Gobierno sino contra el régimen nacido en el 77, contra lo que hoy celebramos, contra la Transición, contra la Constitución, contra la reconciliación, contra la estabilidad del Estado, contra la concordia.

Pablo Iglesias, además de presentar una propuesta “destituyente del 77”, urdió su moción de censura fracasada con el propósito de sembrar más cizaña entre los socialistas, pero solo consiguió, una vez más, evidenciar la catadura política y ética de un proyecto, el de Podemos, cuyos únicos costaleros son Bildu y ERC. Es decir, los herederos de Batasuna/ETA y los golpistas de Cataluña. ¡Qué compañía, madre mía!

Pero volvamos a las cosas serias. Pienso que el mejor homenaje que podemos tributar los que somos deudores de aquellos momentos irrepetibles de nuestra historia, es ser fieles y contagiarnos del sentido de Estado, el patriotismo, la moderación y la generosidad de los artífices de la Transición. Así haremos justicia y honraremos a nuestros antepasados, que hicieron posible la concordia inolvidable.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com