Icod de los Vinos en la obra de Cipriano de Arribas y Sánchez (I)

De cuantos testimonios conservamos sobre la isla de Tenerife en el tránsito de los siglos XIX-XX, resulta curioso e interesante el narrado por Cipriano de Arribas y Sánchez en su obra A través de Tenerife. El ejemplar editado por Ediciones Idea, en el año 2004, con prólogo de Alfonso González Jerez, incluye un breve estudio biográfico respecto a la trayectoria vital de tal persona, desde su nacimiento en Ávila en 1848, su etapa formativa y su posterior llegada a Canarias, así como su contacto con Lanzarote, Icod de los Vinos y Los Realejos, hasta su fallecimiento, en 1921.

En tal obra, dedica al municipio de Icod de los Vinos una serie de páginas en las que describe la presencia del aire puro, la fertilidad del terreno y el comercio que en el lugar realizaban los vecinos con productos como tomates, plátanos, etcétera, representando una serie de factores que Cipriano de Arribas utilizó para comenzar su relato sobre Icod, un pueblo que en aquellos momentos registraría un número inferior a las 9.000 almas. Realizó una mención a la Iglesia de San Marcos, de su arquitectura y de sus características en un contexto de homilía.

Una vista de Icod de los Vinos de la época./Fedac.

Con gran emoción menciona el episodio en el que por primera vez observa ante sus ojos el famoso Drago milenario, mostrando las siguientes palabras: “Me quité el sombrero y le saludé, recordando al mismo tiempo aquellos hermosos versos de don Antonio Trueba “Quien éste árbol bendito, profane o hiera, de Dios y de los hombres maldito sea”, destacando la cifra expuesta por distintos naturalistas de un origen que podría sobrepasar los 2.507 años.

Cipriano de Arribas también dejaría algunos detalles respecto a la ermita de las Angustias, señalando que la escultura de la Virgen tendría su origen en México, exponiendo como tal imagen fue recuperada por un barco que, tras sufrir un incendio, pudo haber naufragado. Afortunadamente, los tripulantes consiguieron apagar el fuego, agradeciendo a la Virgen su ayuda para evitar una desgracia que hubiera puesto punto y final a sus vidas.

Además, resulta curiosa la anécdota que cita de camino al pueblo de El Tanque y su visión, tras atravesar el túnel, de una pequeña cruz de madera, existiendo al respecto una historia que Cipriano de Arribas no dejaría pasar por alto. De esta forma, apunta lo siguiente: “Cerrada la noche y muy oscura, caminaban por aquella vereda un caballero y su criado; éste alcanzando a ver la cruz a la luz de un relámpago dijo: “debe ser de tea”, a lo que respondió el caballero: toma este cuchillo y míralo, visto que efectivamente era de tea cortaron los dos brazos e hicieron hachas para alumbrarse hasta llegar a su destino. Habiendo ya fallecido relatan las gentes de Icod, que aparecen por entre aquellos riscos dos sombras con hachas encendidas, las que varias noches vagan arriba y abajo causando a los transeúntes el parar consiguiente”.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com