Sin tristezas

1.- Todos mis lectores, sin excepción alguna, me piden constantemente que no escriba de tristezas. Si quiero, que haga lirismo, me dicen, pero que no se me vaya la mano del lado de la tristeza, por muy triste que yo esté. Los comprendo. Y hasta comparto ese criterio, pero ¿no han visto ustedes ese Congreso de los Diputados? ¿No leen la prensa, no ven la televisión? Hay motivos para pensar que este país se va a la mierda desde que los desarrapados están ahí, mirando de cerca el poder. ¿O es que no han mirado a los cuatro mindundis de Cataluña, que se arrogan la representación de todo un pueblo, y que son unos desgraciados que lo que quieren es salvarle el culo a los que han trincado a base de bien, sacrificando al resto de catalanes honrados y decentes que quieren seguir formando parte de España; es decir, la inmensa mayoría? No hay motivos para ser optimistas, ni para estar contentos. Es más, yo creo que va a ser uno de los veranos más tristes. De ahí mi pesimismo y las pocas ganas que muchas veces me entran de escribir sobre lo que pasa, porque lo que pasa es una mierda. Me he comprado dos discos este mes, el de Julio Iglesias y sus amigos y el de Sabina. Los tengo puestos fijos en el coche, vaya donde vaya, y huyo de las malas noticias, no me interesa sino el mariachi y la balada. Y se acabó. Al carajo todo lo demás. Sé de dos personas que han utilizado el palabro carajo con maestría. Uno de ellos fue mi padre. Cuando se sentía perdido, cuando veía que no podía solucionar un problema, se levantaba de donde estuviera sentado y decía, a media voz: “¡Al carajo todo el mundo!”; y eso para él era una liberación. La otra persona fue don Ludgardo Cañadas. A las dos en punto de la tarde se levantaba del sillón del Ateneo, sociedad a la que acudía para leer el periódico, daba un bastonazo en el suelo y mascullaba: “¡Me voy pal carajo!”. Y así, hasta el día siguiente, cuando volvía a repetir la expresión y el ademán.

2.- Mis lectores, pues, quieren que no escriba de tristezas, a pesar del panorama. Y tienen toda la razón. ¿Quién soy yo, pobre periodista de provincias, para aumentar la desazón del prójimo? No tengo derecho, pero miro para ese Congreso de los Diputados y veo a la nueva izquierdona con pinta de jedionda y qué quieren que haga. Tipos sin corbata y con menos dientes de los debidos, tipas guapas pero desaliñadas y alguna que otra feróstica, que también las hay. Y con ese panorama, que por devoción profesional he de contemplar todos los días, no me dan ganas de otra cosa que de salir corriendo, antes de que el pesimismo me devore. Mas por pundonor seguiré haciendo las gracias a mi público, que para eso lleva soportándome 50 años. No quedan muchos, pero los que quedan, los resistiré.

3.- Menos mal que llega agosto, mes en el que descansan hasta los inspectores de Hacienda y los jueces, gracias a Dios. Es bueno que todo el mundo se dé un respiro en la costa antes de volver a joder al personal en septiembre, que es el mes que más depresiones se producen en todo el año, por razones más que obvias. Yo con mi Julio Iglesias y mi Joaquín Sabina resistiré, seguro que resistiré. ¿He resistido 50 años y me voy a rendir ahora, que me han renovado hasta el carné de conducir?

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com