Árboles en el paisaje canario

En las Islas Canarias, por fortuna contamos con un maravilloso paisaje salpicado por numerosas especies arbóreas, entre las que destacan, sin duda alguna, las palmeras típicas del Archipiélago y los pinos endémicos, de características muy peculiares y muy resistentes al fuego; así como dragos que proceden de la Era Terciaria y que son todo un símbolo de esta región atlántica, en medio de la Macaronesia.

También poseemos numerosas especies de árboles procedentes de América, con los laureles y los flamboyanes de Indias, que dan una nota de color muy llamativa a nuestro entorno natural, poblando numerosas ciudades y pueblos isleños.

Igualmente hay que destacar la presencia de esbeltas araucarias en muchos puntos de la geografía insular, así como de bosques y alineaciones diversas de eucaliptos, sin descartar a los cipreses, que no son solo ejemplares típicos que se plantan en los cementerios, sino que también abundan en otras zonas, porque entre otras cosas el ciprés plantado en una finca rural significa hidalguía por parte del correspondiente propietario de la finca.

Los árboles también tiene su simbología y su razón de ser plantados en uno u otro sitio.

Por ejemplo, después de la conquista castellana, se ubicaron decenas de eucaliptos alineados en los márgenes del camino de La Laguna a Las Canteras, en la antigua carretera de Tejina que atraviesa la Vega de Aguere, en la creencia de que estos árboles “ahuyentan” a las lluvias, según afirma la tradición.

En otras civilizaciones del Mediterráneo se plantaban palmeras en los jardines de las casas pueblerinas por su significado. Si los transeúntes veían una palmera, significaba que en ese lugar daban agua a los visitantes; si había dos, daban agua y comida; y si se encontraban tres juntas, el agua, la comida y el alojamiento estaban garantizados.

La plantación de laureles de Indias, por ejemplo, a la entrada de los pueblos del sur de las islas, se debe a que su frondosidad proporcionan mucha sombra, lo que sin duda agradecían las personas que, andando, se desplazaban de una población a otra, en unas localidades caracterizadas por un clima seco y caluroso, con muchos días de sol al año.

Independientemente de que la vegetación de las Islas Canarias sea distinta y peculiar según las vertientes de barlovento (más húmedas) y de sotavento (más secas y áridas) de los diferentes territorios, y también en función de la altitud sobre el nivel del mar, no cabe duda que la mano del hombre ha contribuido históricamente al embellecimiento de nuestro peculiar y hermoso paisaje.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com