C.D. Tenerife: tendrán que espabilarse

Concluida la fracasada temporada 2016/17, en el Club Deportivo Tenerife tendrán que espabilarse pronto y rápidamente si quiere plantarse el club con una base sólida cara a la campaña próxima, tras los convulsos tiempos vividos en la sociedad futbolística insular.

Ahora uno hasta es capaz de entender, tras la estampida de un numeroso grupo de jugadores, el por qué se perdió aquel partido en Getafe que, de haberse empatado o ganado, hubiera supuesto el ascenso del Tete a Primera División; y no lo digo por los “ancianos” de la plantilla (léase Suso, Vitolo o Aitor Sanz), sino por determinadas aves de paso que volaron del nido sin pensárselo dos veces porque –no nos llevemos a engaños– así lo tenían planteado desde hace meses, aunque disimularan y expresaran sus deseos de subir de categoría.

Este mundo es muy hipócrita y en determinados ambientes deportivos, muy profesionalizados, la falsedad es moneda corriente. Con afirmar esto no descubro la pólvora mojada, pero guárdenme un cachorro (vox populi) con el profundo amor que tenían algunos jugadores al Tenerife que, en cuanto vieron una oportunidad de emigrar no lo dudaron ni un momento, como el “Choco” Lozano, el niño más mimado por el club, que al final le salió rana, como era previsible.

Tras la huida masiva, llegó la sorprendente despedida (¿o fue un cese fulminante?) de Víctor Pérez Borrego, director general de la entidad, y que le había sido impuesto en ese cargo al presidente Miguel Concepción desde las entrañas de Coalición Canaria y, más en concreto, desde el Palacio Insular, sede el Cabildo tinerfeño.

Víctor Pérez Borrego (izquierda) y el director deportivo, Serrano./D.A

Las carreteras de esta isla que dependen de la citada corporación tienen unos gastos de mantenimiento anuales y a nadie se le escapa que el máximo jefe del Tete –esto lo sabe todo el mundo– posee una empresa que se dedica a reasfaltar y repavimentar las vías interurbanas insulares, con lo que es clara la relación directa existente entre dirigentes de CC y determinados poderes económicos y empresariales locales.
Pero volvamos al terreno exclusivamente deportivo. El señor Serrano, que sigue siendo el secretario técnico del Tete –lo que muchos aficionados no se explican, tras estrepitosos pasados fichajes– tendrá que apresurarse en contratar los servicios de, al menos, entre siete y diez nuevos jugadores (esperemos que con la suficiente calidad) para completar una plantilla más o menos apañada en tan solo un mes de plazo.

Aquí los seguidores del Tenerife ya estamos hartos de que nos traigan auténticos paquetes envueltos en atractivos papeles de regalo. Esperemos que este hombre que se dedica al trapicheo de jugadores acierte este año y no adquiera los servicios de profesionales sin las suficientes garantías y luego se conviertan en verdaderos fiascos. A ver si atina este año el tal Serrano, aunque tengo mis serias dudas.
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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com