José A. Álvarez Rixo y la Arqueología en el Valle de La Orotava (II)

Tal y como establecimos en la primera parte del presente artículo dedicado a la relación entre José Agustín Álvarez Rixo y la arqueología, el polígrafo portuense continúa realizando interesantes observaciones en torno al Barranco de Godínez.

Al parecer, en el año 1865, tras una serie de obras por la búsqueda de agua, “se encontraron en tierra vegetal algunos huesos humanos, esponjosos y detrimentados a causa de la humedad los cuales hemos examinado en nuestra mano. También se hallaron algunos árboles caídos, que al querer menearlos se deshacían en polvo, y pedazos de un gánigo de barro, pero de una calidad más fina, más compacta, de fábrica más delgada que la usada y trabajada por las generaciones después de la conquista.

Según el director de la explotación, don Francisco Kreitz, por encima de este sitio taladrado donde se hallaron dichos objetos, están dos sobrepuestas y gruesas capas de lava con sus correspondientes espacios de tierra almagrada intermedia; y cuyas corrientes de lava, según su dirección, parece que hubieron de bajar de la cumbre que rodea aquella parte sud sudoeste del Valle de Taoro. “Catástrofes antiquísimas debieron ser éstas, tanto, que mediaron bastantes siglos para haberse vuelto a cubrir de tierra y de frondosa vegetación arbórea, la cual hacía desconocer que hubiese jamás allí volcanes; ni ningún historiador lo había podido indicar. Geólogos inteligentes pudieran tener aquí que meditar y deducir acerca de la formación de nuestro valle que algunos creyeron y han escrito haber acaecido de distinta manera a la que estos recientes datos nos presentan”.

Por último, es también objeto de su atención la ladera de Bollullo, en La Orotava, donde relata cómo durante el mes de agosto de 1868, “los hermanos José y Felipe Padrón, vecinos del Puerto de la Cruz, descubrieron o más bien visitaron, en la pendiente ladera de Bollullo, una o dos cuevas que la mayor de cosa de seis varas de diámetro, contenía 30 ó 40 osamentas de los guanches, pero no hallaron momias; por lo que inferimos, que estos restos como otros muchos de este género encontrados en infinitos puntos de la isla de Tenerife provendrán de los infelices indígenas que, abatidos y desesperados por no poder sostener su amada libertad; antes que ser vendidos por esclavos, prefirieron encerrarse en las cavernas casi inaccesibles y dejarse morir de hambre, y de la enfermedad con la cual la melancolía o postración del ánimo les acometió, y los historiadores denominaron modorra”.

Son, pues, testimonios que nos sitúan y aproximan al estado de la arqueología en el Valle de La Orotava a mediados del siglo XIX, recogiendo J. A. Álvarez Rixo toda una serie de testimonios dignos de su atención.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com