El mago no le tiene respeto a la ortografía

  • Él cree que lo que escribe es correcto y que la que se equivoca es la Academia de la Lengua

Foto tomada en las medianías de Gran Canaria.

El mago cree que lo que él escribe va a misa. Y que la que se equivoca es la Real Academia de la Lengua. Por eso escribe como le sale de los timbales. “Solo vesinos y aceso al bar”, toma coño. El cartel está aquí, en nuestras medianías, en la isla de Gran Canaria esta vez, y la foto ha sido tomada por un lector, aficionado a aportar perlas a mi particular anecdotario del mago peludo. Allí le dicen maguro, como el restaurante japonés de Santa Cruz. Yo sostengo que el mago (peludo) es el peor enemigo del hombre. Su particular concepción de la ortografía delata su cabezonería. Es un peligro transitar por esas cumbres sin conocer las costumbres de estos rebenques que disparan al cuñado por un lindero, o a ti mismo, si se te ocurre parar en una cuneta y mamarte un higo pico. El mago es celoso de su propiedad. Yo he vivido escenas absurdas de lindes porque sobresalía una piedra cinco centímetros. No me lo han contado, lo he vivido yo. “Ay chocos y chipirrones”, leí el otro día en un chiringuito en Tenerife. Pues vale. “No entrar suerto perros”, pues también vale. Es imposible que el mago aprenda inglés porque este idioma no se pronuncia como se escribe y se armaría tremendo lío. No digamos con los acentos franceses, esos patrás y palante que no hay quien los entienda. Nuestro elemento rural no sabe de tildes, ni de comas, lo dice todo seguido y ya está. No se le pone nada por delante. En otro chiringuito de esta isla tinerfeña leí, no hace mucho: “Ay harvejas o gisantes y cuesneto” (debe ser por cornetos, esos helados picudos). Mejor fue Vidal, en La Laguna, que bautizó la carne de cabra como “carne de Mamibia”, un país que se inventó. El godo se comía la carne a dos carrillos, sugestionado por la presunta procedencia del manjar. La foto es buena porque refleja la osadía del mago a la hora de rotular. Le encanta prohibir, es una de sus aficiones favoritas. El cainismo de estas islas comienza en las medianías y data de tiempo inmemorial. Y se extiende luego por las calles y las plazas y los periódicos de las islas sin solución de continuidad. El mago no deja títere con cabeza; lo llevo estudiando durante años y no tiene remedio.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com