La bella Easo

Bahía de San Sebastián desde el monte Igueldo./ AIN.

San Sebastián, capital de Guipúzcoa, es la ciudad más señorial y de abolengo del País Vasco. Con una economía basada en el comercio y turismo, recibe cada año decenas de miles de personas ansiosas de pasear por su bahía y perderse de poteo por su casco histórico.

Una de las primeras sorpresas de este lugar es la de por qué se le conoce con tres nombres diferentes y usados indistintamente por nacionalistas o independentistas. San Sebastián debe su nombre español al rey navarro Sancho “El Sabio”, que  a principios del siglo XII la fundó y estableció que por su proximidad a un monasterio consagrado a este santo, así se llamaría.

Donostia es la denominación en euskera; según parece este nombre podría ser una derivación de las palabras latinas Domine y Ostium, Señor del Puerto. Lo cierto es que este es, junto al español, su nombre oficial.

En siglos pasados existía la creencia de que la ciudad romana de Oiasso (Easo) se encontraba en lo que hoy es San Sebastián. Recientes hallazgos confirman que esta ciudad se encontraba a unos veinte kilómetros, en Irún. Como curiosidad, comentar que el código aeroportuario de esta ciudad es EAS.

La presencia de la realeza española está muy presente. La viuda de Alfonso XII trasladaba la Corte todos los veranos a San Sebastián, residiendo en el Palacio de Miramar. De este tiempo son algunos de los edificios emblemáticos y el auge de la vida social y cultural de la ciudad, que llegó a ser conocida como la Pequeña París o París del Sur.

Hacer recomendaciones sobre visitas en un destino como este resulta algo complicado, aunque está claro que según las valoraciones de las páginas especializadas la Playa de La Concha y el Casco Viejo son los que mejor puntuación reciben.

El frente de costa de Donostia lo constituyen tres playas diferenciadas. La Concha y Ondarreta escoltadas por los montes Igueldo y Urgull y protegidas por la isla de Santa Clara, y la playa de Zurriola, al otro lado del río Urumea y que está a mar más abierto. Las tres están plenamente integradas en el entorno urbano. El Kursaal se encuentra junto a Zurriola y el Real Club Náutico, Palacio de Miramar o el balneario de La Perla en las otras dos. Por lo que se ve, no ha habido problemas para hacer de la bahía de San Sebastián uno de los más hermosos frentes de playa de España, donde conviven construcciones, avenidas, ocio y playa sin ningún problema ecológico aparente.

Desde el monte Igueldo se observa una panorámica espectacular de la ciudad y sus alrededores. Descartada la subida “a chola”, por lo exagerado de la pendiente, nos quedan dos opciones: en coche o funicular, en ambas hay que pagar el canon correspondiente.

El Casco Viejo o Donostia la vieja, totalmente peatonalizada, está colmada de bares y restaurantes donde los pintxos son los protagonistas en todas las barras. No debemos llevarnos a engaño, no es barato irse de pinchos y copas (el precio del más económico ronda los 2,60-3 €) pero aunque sólo sea un día merece la pena. Lo que está claro es que la oferta gastronómica es uno de sus puntos fuertes y que se encuentran establecimientos para todos los bolsillos; no faltará donde comer y muy bien.

San Sebastián y los barrios que la forman merecen, como poco, una visita panorámica que sorprenderá por la clase que desprende la calidad y belleza de sus construcciones, modernas o antiguas. Nada que ver con otros lugares.

 

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com