Sentencias populares sin ser juzgado

Un antiguo dicho (de Concepción Arenal) afirma que se deben condenar los delitos y compadecer a los delincuentes; y las personas que tenemos dos dedos de frente deberíamos aplicar el consejo cuando queramos sentenciar por nuestra propia cuenta a los presuntos culpables de un hecho reprobable, por unos indicios que han llevado a la policía a poner a disposición a algún individuo que, por cuestiones de tiempo, aún no ha sido ni juzgado.

Viene esto a cuento, porque he visto que han sido arrancadas las placas del paseo marítimo que va desde el restaurante La Caseta hasta la Cofradía de Pescadores, en la Punta del Hidalgo, que estaban rotuladas con el nombre de Juan Padrón Morales, antiguo futbolista del Club Deportivo Tenerife y hasta ahora presidente de la Federación de Fútbol de esta provincia, que recientemente prestó declaración ante un juez de la Audiencia Nacional, por su presumible participación en supuestos casos de corrupción practicados en la Federación Española de ese deporte, de la que también ha sido vicepresidente.

No soy juez y, por lo tanto, tengo que abstenerme de hacer juicios de valor sobre determinadas actuaciones irregulares en la gestión económica de ese organismo futbolístico, porque para eso están los correspondientes tribunales de justicia, pero sí puedo afirmar, como simple ciudadano, que no hay derecho a condenar a nadie sin haber sido analizadas las circunstancias y los hechos que llevan a algunas personas a cometer presuntos actos delictivos y estudiarse los posibles condicionantes y atenuantes de esas acciones irregulares que, al parecer, se hayan cometido.

Juan Padrón y Concepción Arenal.

Hasta que no se dicte una sentencia firme y mientras duren después las interposiciones de recursos ante instancias judiciales superiores, si las hubiera, nadie, absolutamente nadie puede prejuzgar –y aún menos condenar– a una persona que, en principio, es presuntamente inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

Tampoco hay derecho a que una persona investigada se le traslade en un avión militar a la capital del Reino para ser interrogada, cuando podía haber viajado en un vuelo regular de cualquier compañía aérea, porque entre otras consideraciones previas, no se trataba de un individuo agresivo, ni peligroso, ni sospechoso de que se intentara fugar en su traslado hasta Madrid.

No me estoy erigiendo, Dios me libre, en abogado defensor de nadie en concreto, pero tengo que lamentar los juicios paralelos que hace determinada clase de gente, así como mostrar un enorme desagrado y tristeza por el vandálico acto de romper las placas de una vía que dan nombre a un paseo marítimo tan bonito como es el de la Punta del Hidalgo, en la costa lagunera.

La presunción de inocencia es un concepto sagrado en cualquier Estado democrático. Aprendamos, por favor, a dejar en paz a otras personas, y dejemos que sea los medios humanos y materiales que tiene la justicia para ejercer su loable labor. ¿No les parece?

pacopego@hotmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com