La timba de los nacionalismos

La hermana de Pepe Guardiola, una señora llamada Francesca Guardiola, cobra más de 80.000 euros anuales por ser la embajadora de la Generalidad de Cataluña en Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia, si bien la “legación” tiene su sede en la capital danesa. O capital dinamarquesa, como decía un coburgo villero y medio analfabeto ―no es imprescindible ser coburgo para ser ágrafo, pero ayuda bastante― ante el descojono de otros elementos de su clase que se consideraban más ilustrados, desconocedores ―la ignorancia siempre fue atrevida― de que el gentilicio dinamarqués también es aplicable a los ciudadanos de Dinamarca.

Sea como fuese, el sueldo exacto de la hermanísima del ínclito entrenador Guardiola es desconocido. La página web de la Generalidad ―la transparencia, de boca, cualquiera la toca― no lo especifica. Sí se sabe que en su anterior puesto (directora general de Relaciones Exteriores del nacionalismo de la butifarra; cargo para el que fue nombrada por Puigdemont en julio de 2015) percibía 80.589,54 euros. Más responsabilidades implican, digo yo, más emolumentos.

Pepe Guardiola tiene tanto derecho a defender el nacionalismo de la butifarra como lo tienen otros a pelear por el suyo; incluido el del gofio canario. No seré yo quien le coarte a nadie su libertad de pensamiento y expresión. Lo que me fastidia, y mucho, son las dobles intenciones. O, más bien, las intenciones ocultas, habida cuenta de que no es lo mismo ser nacionalista por convicción que por conveniencia, se trate de la utilidad que sea. Porque puedo contar con los dedos de una mano los nacionalistas auténticos que he conocido. La inmensa mayoría son vulgares oportunistas. Individuos que no serían nada, ni en política ni en cualquier otra actividad, fuera del paraguas de un cínico fervor de patria chica al que se han acogido para sacar provecho con poco esfuerzo y menos trabajo.

Sobra decir que si don Clavijo ―o quien estuviese en su lugar― nombrase a mi hermana embajadora de Canarias mismamente en Cuenca, quizá me afiliaría a CC. La familia es lo primero, oiga usted. Lo que vale para los Guardiola ―e incluso para los Pujol con su mordida del tres por ciento― ha de valer también para los Peytaví, los Sánchez y hasta los Pérez y los Hernández; para cualquiera. Además, siempre se ha dicho que Barcelona és bona si la bossa sona. Ítem plus, por seguir con el mismo dialecto, En caixa oberta, el just hi peca (En caja abierta, el justo peca).

El caso de los Guardiola es un ejemplo más ―uno entre miles y miles― de las grandes timbas que se han montado por doquier bajo el subterfugio ideológico de múltiples mamarrachadas. Las idiosincrasias regionales, las culturas vernáculas, las distintas sensibilidades territoriales enriquecen a un país. Los montajes de los parásitos son otra cosa. ¿Sería Junqueras algo más que el capataz de una granja de cochinos al margen del tinglado independentista que ha contribuido a montar? Seguramente, no; acaso no hubiese llegado más allá del mosso que limpia de purines las cochiqueras.

ricardopeytavi@gmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com