Que España era un país de locos, yo lo sabía, pero lo de Cataluña desborda todo lo imaginable

Puigdemont es un caradura y un mentiroso, que no tiene pudor ni vergüenza.No digamos su banda./A 3Tv.

Es el primer referéndum del mundo con un resultado calculado a ojo, en urnas que parecen fregonas, fabricadas en China. En el país de Rinconete y Cortadillo, los catalanes se han llevado la palma. Todo esto está organizado por la clase media catalana del 3% para que cuando Andorra desbloquee en 2018 la información sobre las cuentas de los corruptos, medio país no vaya al talego por ladrón.

Entonces ese medio país ha movilizado a los pobres de espíritu y los mansos de corazón para que procuren, a gritos, una inalcanzable independencia que provoque la amnistía que libre a los ricos de la mazmorra. Pero no todo es tan simple. El tal Puigdemont, que es un sinvergüenza de tomo y lomo, y sus compinches, serán capaces de trasladar a su Parlamento unos resultados falsos, de dos millones o más de votantes, y de proclamar una independencia imposible que los jueces se encargarán de destruir, por ilegal, y la policía y la Guardia Civil detendrán a todos los responsables. No queda otro remedio. ¿No quieren un Estado de derecho? Pues entonces van a tener que empezar a meter a gente delincuente en la cárcel.

La tibieza de Rajoy no es prudente, sino cobarde, pero es que no le queda otro remedio. ¿Cómo se va a fiar de un tal Pedro Sánchez, PSOE, que lo insultó en la televisión en una campaña electoral y que es todavía más insensato de Puigdemont? ¿No se da cuenta de que los “honorables” miembros de la antigua CiU, que han metido la mano en la lata del gofio y que ahora pretenden ser indultados son los que han movido a estas masas? Tienen mucho dinero guardado.

Lo de ayer fue una vergüenza para el mundo, una mascarada. Dicen que tienen mucho dinero de todo lo que ha robado el elenco de los antiguos dirigentes catalanes al pueblo que dicen defender. Cuentan con sus anti sistemas entrenados de la CUP; casi ninguno de ellos cobra –otros sí, los jefes—, pero les ofrecen algaradas y ellos se alimentan de ellas.

¿Y a qué esperan los jueces para meter en la cárcel a los responsables del desaguisado? ¿A que proclamen la independencia esta semana diciendo que hubo más de dos millones de “sí” en las papeletas? ¿Quién las contó? ¿Qué junta electoral certificará su validez? Esto, lo de Cataluña es peor que lo de Venezuela y mucho peor que lo de Franco, cuando cada uno votaba dos y tres veces, y que lo de Maduro, ya digo. Pobre España, Dios mío. A ver qué cronista se atreve ahora de hablar de Venezuela cuando el país de la butifarra es mucho peor, pero mucho peor, que aquel.

Yo sé que todo esto que digo no vale nada, que los esfuerzos que han hecho estos insensatos para aparecer en “The NewYork Times” y sucedáneos, será flor de un día. Y que nada de lo que han hecho vale para nada. Pero, ¿por qué ese puñetero miedo de Rajoy de aplicar el artículo 155 de la Constitución, suspender la autonomía y detenerlos y ponerlos a disposición de los jueces? ¿Por qué la justicia se deja tomar el pelo por estos locos?

No crean que voy a seguir hablando de Cataluña. Lo hemos hecho muy poco aquí. Pero hasta la prensa española es cómplice. Los medios de comunicación, sobre todo algunas cadenas de televisión, autonómicas y generalistas, que han ido demasiado lejos en un terrible ejercicio de irresponsabilidad. ¿Lo pagarán también? Yo creo que no. España es diferente, pero para mal. Sigue siendo un país de castañuela y pandereta. Del porompompero.

Es el primer referéndum del mundo con un resultado calculado a ojo, en urnas que parecen fregonas, fabricadas en China. En el país de Rinconete y Cortadillo, los catalanes se han llevado la palma. Todo esto está organizado por la clase media catalana del 3% para que cuando Andorra desbloquee en 2018 la información sobre las cuentas de los corruptos, medio país no vaya al talego por ladrón.

Entonces ese medio país ha movilizado a los pobres de espíritu y los mansos de corazón para que procuren, a gritos, una inalcanzable independencia que provoque la amnistía que libre a los ricos de la mazmorra. Pero no todo es tan simple. El tal Puigdemont, que es un sinvergüenza de tomo y lomo, y sus compinches, serán capaces de trasladar a su Parlamento unos resultados falsos, de dos millones o más de votantes, y de proclamar una independencia imposible que los jueces se encargarán de destruir, por ilegal, y la policía y la Guardia Civil detendrán a todos los responsables. No queda otro remedio. ¿No quieren un Estado de derecho? Pues entonces van a tener que empezar a meter a gente delincuente en la cárcel.

La tibieza de Rajoy no es prudente, sino cobarde, pero es que no le queda otro remedio. ¿Cómo se va a fiar de un tal Pedro Sánchez, PSOE, que lo insultó en la televisión en una campaña electoral y que es todavía más insensato de Puigdemont? ¿No se da cuenta de que los “honorables” miembros de la antigua CiU, que han metido la mano en la lata del gofio y que ahora pretenden ser indultados son los que han movido a estas masas? Tienen mucho dinero guardado.

Han falseado el resultado (que no existió) y trasladarán cifras falsas al Parlamento.

Lo de ayer fue una vergüenza para el mundo, una mascarada. Dicen que tienen mucho dinero de todo lo que ha robado el elenco de los antiguos dirigentes catalanes al pueblo que dicen defender. Cuentan con sus anti sistemas entrenados de la CUP; casi ninguno de ellos cobra –otros sí, los jefes—, pero les ofrecen algaradas y ellos se alimentan de ellas.

¿Y a qué esperan los jueces para meter en la cárcel a los responsables del desaguisado? ¿A que proclamen la independencia esta semana diciendo que hubo más de dos millones de “sí” en las papeletas? ¿Quién las contó? ¿Qué junta electoral certificará su validez? Esto, lo de Cataluña es peor que lo de Venezuela y mucho peor que lo de Franco, cuando cada uno votaba dos y tres veces, y que lo de Maduro, ya digo. Pobre España, Dios mío. A ver qué cronista se atreve ahora de hablar de Venezuela cuando el país de la butifarra es mucho peor, pero mucho peor, que aquel.

Yo sé que todo esto que digo no vale nada, que los esfuerzos que han hecho estos insensatos para aparecer en “The NewYork Times” y sucedáneos, será flor de un día. Y que nada de lo que han hecho vale para nada. Pero, ¿por qué ese puñetero miedo de Rajoy de aplicar el artículo 155 de la Constitución, suspender la autonomía y detenerlos y ponerlos a disposición de los jueces? ¿Por qué la justicia se deja tomar el pelo por estos locos?

No crean que voy a seguir hablando de Cataluña. Lo hemos hecho muy poco aquí. Pero hasta la prensa española es cómplice. Los medios de comunicación, sobre todo algunas cadenas de televisión, autonómicas y generalistas, que han ido demasiado lejos en un terrible ejercicio de irresponsabilidad. ¿Lo pagarán también? Yo creo que no. España es diferente, pero para mal. Sigue siendo un país de castañuela y pandereta. Del porompompero.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com