Patadas al idioma

Un amigo que se llama Miguel Lavín Alonso, que ya es octogenario –aunque aparente ser mucho más joven–, ha mostrado su malestar en las redes sociales por las numerosas faltas de ortografía que los usuarios muestran al escribir cualquier texto en Facebook, por muy breve que sea.

A esos errores en la escritura, a esas patadas al idioma, él las denomina verdaderas burradas. Lavín, como uno, es un afortunado por saber escribir sin muchos fallos ortográficos, pero ciertamente no todo el mundo tiene esa virtud, por llamarla de alguna forma.

Para escribir lo más correctamente posible no solo hay que leer mucho desde la más tierna infancia, sino también amar el idioma materno y tener interés por la gramática, la lingüística y todas las especialidades relacionadas con nuestra lengua.

En una época de mi vida, por esas cosas del destino, fui profesor en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna y, aunque ustedes no se lo crean, más alumnos de los que pudiera pensarse cometían faltas de ortografía; y me he tropezado con textos escritos por algún catedrático con errores de bulto.

Alumnos universitarios cometen faltas de ortografía.

A casi todo el mundo le gustan las cosas bien hechas, como leer textos pulcros y amenos, pero no todos tienen la capacidad de expresarse correctamente y existen errores muy habituales, sobre todo en Canarias, al confundir la “c” con la “s”, pero también son muy corrientes los fallos en los escritos cuando quienes los escriben intentan declinar el verbo haber y no saben distinguir, por ejemplo, la forma verbal “ha” con la preposición “a”. Y lo mismo ocurre con muchos vocablos que empiezan por hache.

En fin, esto es lo que hay, seguramente porque en los colegios de Primaria y en los cursos de la ESO no se le da mucha importancia a las expresiones escritas del idioma, y luego pasa lo que sucede.

Lo importante, en todo caso, es que las personas puedan expresarse libremente, con y sin errores ortográficos, y que escriban lo que quieran. En el fondo, me da igual ver “hacín” (por asi), “cocreta” (por croqueta) o “Grabiel” (por Gabriel). Por no hablar de la manera que se expresan muchos jóvenes por Internet o por WhatsApp, que esos sí que están destrozando el español. Pero es lo que hay. Ajo y agua.
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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com