Cuestión de independencias

La puesta en escena ayer, por parte del señor Puigdemont, en el Parlamento catalán sólo sirvió para declarar la independencia a Cataluña (no la independencia de Cataluña). Sí, no me malinterpreten porque juego una vez más con la semántica que me permite el lenguaje.

Con su actitud, el presidente de la Generalitat de Catalunya le declaraba así la independencia a Cataluña. En la calle, los miles de catalanes reunidos a la espera del veredicto final no salían de su asombro al ver traicionados sus sentimientos por haber sido utilizados el pasado uno de octubre para desembocar finalmente y fuera del Parlamento en un sainete comandado por Ana Gabriel quién en su intervención en el seno de la cámara abogaba ilusionada por una Independencia feminista y…sin fronteras. Me chocó mucho escuchar lo de “sin fronteras” pero también Ana, al igual que hago yo hoy, tiene todo el derecho a jugar con la semántica de las palabras o cuando no con algún que otro oxímoron.

Esta guerra declarada, disfrazada de independencia, sólo puede tener efectos colaterales en el interior de Cataluña. No estoy seguro de si para Puigdemont y Junqueras será más fácil convencer de su propia actitud a los votantes que se dieron cita en las urnas el pasado día uno de octubre o al Gobierno de Rajoy para que deje de aplicar el tan temido artículo 155 de la Constitución.

Mientras tanto, con la conciencia bien tranquila y ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor en el interior del Parlamento, el señor Junqueras dormitaba plácidamente; sin duda, sabedor ya de cuál sería el desenlace final de la declaración de Independencia a Cataluña.

En el fondo, lo siento mucho por todos los amigos catalanes que conservo y que habían puesto sus fundadas esperanzas en esa extraña pareja formada por Junqueras y Puigdemont que finalmente han optado por una estrategia de baile que no alcanzo a comprender del todo.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com