Con Picasso en Nueva York

  • El 10 de septiembre de 1981 legó el “Guernica” a España, pero “Iberia” me invitó a verlo por última vez en el MOMA, meses antes

Nunca agradeceré lo suficiente a mi amigo, el poeta Salvador Jiménez, paz descanse, la invitación que me hizo para visitar el “Guernica” en el MOMA de Nueva York, pocas semanas antes de que la propia compañía “Iberia” trasladara el cuadro a España, para instalarlo provisionalmente en el Casón del Buen Retiro madrileño.

El “Guernica” (1937), la gran obra de Pablo Picasso./museoreinasofia

Allí, al Casón,  fui, meses más tarde, para contemplar el cuadro por segunda vez. El ministro de Cultura de la UCD era Íñigo Cavero. Y su segundo, si no me equivoco, Javier Tusell. Ellos llevaron a cabo las negociaciones con el MOMA para la devolución de la obra maestra del pintor malagueño.

Yo soy un ferviente admirador de Picasso, a pesar de que el doctor Puigvert, que creo que era su amigo, le recriminara públicamente que pintara mujeres con un solo ojo y “esas cosas raras”. Prefería el ilustre urólogo la época realista del pintor malagueño, que fue un maestro en todas sus etapas.

Yo había ido por primera vez a Nueva York en el 70. Y regresé en 1981. Después visité la Gran Manzana en 56 ocasiones. Y ahí sí que espero volver algún día, aunque últimamente no viaje mucho. La última vez fue en 2008, alojándome en el restaurado y maravilloso “Plaza”. Y la vez anterior, en 2007, me alojé en el famosísimo “Waldorf Astoria”, en una suite que sorprendió a mi hija María Eugenia, que me acompañó. Cuando eso atábamos los perros con longaniza.

Aquel viaje de “Iberia” fue curioso. Hicimos escala en N.Y., pero nuestro destino era Los Ángeles. En la planta de construcción de aviones de Mac Donnell/Douglas fuimos invitados los periodistas a un curso explicativo del por qué de los accidentes de los “DC-10”, cuando se les desprendían los motores y caían, que resultó ser por un fallo en el mantenimiento. “Iberia” no resultó afectada porque lo hacía correctamente y no quebraba el bulón que sustentaba los reactores cuando los extraía para su mantenimiento.

Una vista de la Quinta Avenida de Nueva York.

Salvador Jiménez era un hombre muy cercano a Felipe Cons, que fue un gran presidente de la compañía. Y amigo de César González-Ruano, el gran cronista, novelista y ensayista, que nunca fue académico ni marqués, que eran las dos cosas que tanto ansiaba. La Academia no lo quiso y tampoco heredó el marquesado de Casa-Cagigal, que tanto pretendió. Un marqués de Casa-Cagigal, famoso por sus cuernos, fue comandante militar de Canarias en la noche de los tiempos. Ni siquiera el rey Alfonso XIII, al que César visitó en su exilio, le concedió el marquesado; murió sin acceder a esa dignidad.

Más tarde, con Pepe Oneto, volví a visitar el MOMA, ya sin el “Guernica”, para contemplar la obra de Pablo Picasso allí expuesta, entre la que estaba “Las señoritas de Avignon”, otro de los cuadros que más admiro del genial artista de Málaga. Los neoyorquinos aman a Picasso y en el Museo de Arte Moderno encuentran refugio de la nostalgia del “Guernica”. Volví al MOMA otra vez, en 2008, a ver una antológica de Dalí, y de nuevo a recorrer las salas de Picasso y extasiarme ante “Las señoritas de Avignon”.

Hace unos meses estuve en Málaga y tenía unas ganas inmensas de visitar el museo de Picasso de aquella ciudad, que es precioso. Pero me quedé con las ganas porque el día que podía ir estaba cerrado. Mi afición por la obra del pintor, más que afición devoción, ha tenido más suerte en Nueva York que en España.

En Los Ángeles me hicieron hablar ante el cónsul español acreditado en la ciudad y ante un montón de gente famosa. Estaba medio cargado, después de una opípara comida, así que no debí quedar nada bien, a diferencia de otras veces en que también tuve que ostentar la representación del grupo. En fin, gajes de juventud.

Ya murió mi amigo Salvador Jiménez, repito que un gran poeta. Me parece que Salvador era natural de Águilas, en Murcia, donde se le han rendido honores póstumos. Era un gran tipo, por su aspecto lo llamaban “el Gitano”. Él fue quien me transmitió una frase de Borges que yo siempre cito: “La democracia es un abuso de la estadística”. Y se descojonaba.

En 1981, en septiembre, regresó el “Guernica” a España. Picasso pintó el cuadro en 1937 por encargo del Gobierno de la República. Y lo sacaron de España para impedir que cayera en manos de quienes ganaron la guerra, por miedo a que fuera destruido. Yo hubiera hecho lo mismo, sacarlo de las garras de los intolerantes. He sido uno de los privilegiados que pudo contemplar esa obra maestra en Nueva York y en España. Una reproducción del Guernica ha estado colgada en mi despacho durante años y años.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com