El Madrid, con Isco de director de orquesta, ni se despeinó (3-0)

El Real Madrid ni se despeinó para ganar al Éibar en el “Bernabéu”, por 3 a 0. Con Isco, que aparecía a ratos, conduciendo la orquesta blanca, el Madrid jugo cuando le dio la gana y como le dio la gana. Marcó dos goles en la primera parte, el primero de Sergio Ramos, de cabeza (o de un defensa, dependiendo del enfoque); el segundo de Marco Asensio, que remató una jugada de medio equipo; y un primoroso tercer tanto de Marcelo, ya en la segunda parte, tras una jugada magistral de Benzema, que había entrado menos de media hora antes del final, lo mismo que el propio Marcelo. El Madrid jugó como quiso, con Ceballos y Theo como novedades, es decir tirando de fondo de armario para dar descanso a los titulares. A algunos. Junto a Isco brilló Casemiro, que es una auténtica pesadilla para los rivales del equipo de Zidane, porque lo mismo defiende, que ataca, que tira a gol. Lo hace todo bastante bien, sobre todo en plan valladar inexpugnable, como decían los cronistas antiguos. El Madrid dejó jugar al Éibar, que no lo hizo mal e incluso inquietó la puerta de Casilla, que tuvo que parar dos o tres lanzamientos, pero nunca dio la sensación de no controlar el partido. Pero la maravilla se llama Isco, por eso lo llaman así en el vestuario. Hizo dos o tres jugadas de verdadera antología y no marcó, aunque lo intentó, porque el portero del Éibar se lo paraba todo a él. Cristiano se fue a casa, una vez más, sin marcar, aunque lo intentó. Da igual. Cristiano es el mejor jugador del mundo, así que no pasa nada porque en unos cuantos partidos no marque. En los más trascendentes anota siempre. Es un fenómeno y así hay que tomar su juego. Además, Cristiano necesita escoltas y ayer jugó sin su escolta principal, que es Benzema, hasta que Zidane sacó al campo al francés. Entonces el madeirense se sintió mucho más cómodo, pero tuvo mala suerte de que el portero del equipo vasco le parara un mano a mano que era gol si Cristiano no hubiese adelantado tanto el balón. El Real, poco a poco, se va acercando a la cabeza de la clasificación. Al Barcelona, cómo no, le ayudó el árbitro ante el Málaga. Su primer gol no fue legal: el balón había traspasado medio metro la línea de fondo cuando Deulofeu recibió el centro y marcó. El Barcelona necesita a los árbitros para ganar y al Madrid la mayoría de los árbitros le pitan en contra. Esta es una realidad indiscutible, aunque yo confieso que soy madridista hasta la médula y, por tanto, a lo mejor no soy tan imparcial como debiera. Se acerca el Valencia a la cabeza –va segundo–, que está jugando bien y marcando muchos goles (este fin de semana goleó al Sevilla); y el Leganés, aunque no lo crean, que ayer venció al Athletic, va cuarto, tras el Madrid. El Atlético, como siempre, a trancas y barrancas, le ganó injustamente al Celta, 0-1.Por el único que me alegro es por Unzúe, el preparador del Celta, que es anti madridista. O, por lo menos, culé.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com