Efemérides de noviembre (I)

5 de noviembre de 1884

Es esta una fecha triste para Garachico. Fallece repentinamente don Esteban de Ponte y Benítez de Lugo, uno de los más notables de cuantos alcaldes ha tenido la Villa y después de haber permanecido en el cargo nada menos que 25 años, siempre con el general beneplácito de los vecinos y los habitantes de los pueblos comarcanos. A partir de los difíciles momentos por los que ha pasado la corporación municipal, debido a la escasez de  recursos, don Esteban de Ponte consiguió las más amplias metas con un trabajo dinámico en su  totalidad y con indesmayable amor por el pueblo de su nacimiento. Entre sus más ambiciosas obras hemos de citar el amarre del cable telegráfico submarino, la erección de la estación telegráfica y la finalización de la carretera Icod-Buenavista. Todo ello con la estrecha colaboración de don Feliciano Pérez Zamora, diputado a Cortes, con el que había compartido, años atrás, las aulas universitarias. Por su trabajo en común, las dos calles principales del pueblo del Roque están rotuladas con sus nombres, La de don Esteban, desde 1901.

6 de noviembre de 1690

La Santa Cena, de Alonso de la Raya y García Ravelo.

Estamos ante otra fecha dolorosa y necrológica. Falleció en Garachico el muy notable escultor, alumno de Martín de Andujar y Cantos y autor de varias piezas escultóricas de indudable calidad, el gomero Francisco Alonso de la Raya. Era hijo de Bartolomé de Noda y de María Catalina y llegó a su nueva dirección en Garachico cuando apenas tenía cumplidos los 18 años, siendo ya huérfano y con la intención de ser alumno del escultor Andújar, cuya fama había trascendido a todas las islas. Asimismo buscó la manera de entrar en el taller de este en Garachico, del que salieron muchos e importantes obras, que se conservan en diferentes municipios. En diciembre de 1637 firmó Francisco Alonso un contrato para recibir clases de Martín de Andújar, quien lo acogió en su casa como un hijo y fue para él una gran suerte porque, siendo gran alumno, resultó luego ser gran artista, también con obra dispersa en las islas. El ya citado escultor gomero se casó en Garachico con Clara de Orbalán, nacida en Los Silos. El matrimonio no tuvo suerte: murieron pronto sus hijos y también falleció Clara, lo que llevó al escultor, algunos años después, a contraer nuevo matrimonio, esta vez con Isabel Pérez de Figueroa, vecina de Garachico. En 1643 abrió taller propio, separándose de Andújar, poniéndose así de manifiesto que se sentía ya capaz de trabajar a solas enfrentándose a obras de distinta importancia. La producción escultórica de Francisco Alonso es amplia, aunque algunas de sus obras se hayan atribuido a su condiscípulo Blas García Ravelo y viceversa. La verdad es que trabajaron juntos en la Santa Cena de Icod y en la de Garachico, que se conservan en buen  estado, como ocurre con  los casos del  Predicador de Garachico y varios Cristos de La Laguna, Los Silos, Buenavista e Icod. La mejor escultura de  Crucificados que salió de su taller es el Cristo de las Aguas, de Icod de los Vinos. El escultor falleció cuando había ya cumplido los 70 años y fue enterrado en la iglesia agustina de la Villa del Roque, justamente frente a la casa en que tenía instalado su importante taller, que fue antes de Andújar y en el que había comenzado su aprendizaje.

 

                   7 de noviembre de 1826

Toda la Isla de Tenerife –y, como es lógico, todo Garachico– sufre las consecuencias de un horrible aluvión, lo que supuso desolación y ruina en amplios espacios de terreno, que se vieron imposibilitados para soportar el fuerte empuje de las aguas. En los barrios de las medianías garachiquenses llovió con tal fuerza que las aguas bajaron a la zona urbana con un potente caudal de verdaderas torrenteras, arrasando todo lo que encontraban a su paso. Al margen de lo ocurrido en otros lugares, habremos de decir que Garachico sufrió ruinas en  casas y haciendas, lo que supuso unas pérdidas que alcanzaron una cantidad superior a los 20.000 pesos. Se hizo entonces llegar al rey una petición para que, en  los siguientes cinco años, no tuviera que pagar la isla el impuesto del llamado  Real Subsidio. Aunque la petición fue formulada por el Cabildo, no se recibió respuesta alguna sobre tan importante aspiración.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com