La tercera vía

Un artículo de Lluis Basset, publicado en El País, titulado “Ara sí que torna la tercera vía” abre la posibilidad de que a las elecciones del 21 D se presente una opción que retome el fortalecimiento del régimen autonómico, ya sea por la reforma del texto constitucional o por la ampliación de competencias recogidas en el Estatuto, que personalmente considero no pueden ser más de las que son si no se emprende el primer objetivo previamente. Todo esto se asegura desde la perspectiva de que el camino de la independencia se encuentra cerrado y no tiene más futuro que el fracaso o el ahondamiento en una crisis social y económica sin precedentes, propia de una sociedad con marcada tendencia hacia el suicidio. Excluyendo al PP y a C’s de esta operación no queda más remedio que pensar en Santi Vila, alguien que, por el momento, puede encontrarse a medio camino de lo que dice Basset y que ya se propuso como líder alternativo. Sinceramente no creo que tenga tiempo de construir esa opción, aunque en ella puede encontrarse el refugio de buena parte de los miembros del PdCAT que se encuentran decepcionados con la deriva de Puigdemont.

La jueza Carmen Lamela

Puigdemont, como ocurre generalmente en los partidos que representan intereses de la oligarquía, no pertenece a la clase. Su fuga, su viaje, su huida, su tour –como quieran ustedes llamarlo para que nadie se ofenda– a Bélgica es todo menos un sacrificio. Si quería exhibir el mérito del exilio, eso no vale nada ante la prisión de Junqueras decretada por la jueza Lamela. Puigdemont es un periodista y se ha quedado en eso: en una noticia que se irá desvaneciendo en la distancia. Junqueras es un resistente, un veterano del republicanismo, un independentista de toda la vida que sabe esperar y que ha advertido de que el momento para declarar la DUI no era aún el propicio. El otro es un pastelero que pertenece a un partido, recién llegado al proyecto, con unas prisas inconfesables y sospechosas por lograr una opción política que los libere de una carga peligrosa, siguiendo las órdenes de la Madre Superiora. Su partido baja en las encuestas de manera escandalosa, por eso no le queda más remedio que implorar desde Bruselas repetir una coalición, un gran bloque en el que ya nadie lo necesita, a pesar de que se empeñe en salir todos los días en los periódicos.

El bloque es la gran discusión. Hay quien dice que al soberanismo le conviene ir por separado. No lo creo. La ley electoral favorece a las mayorías, lo cual también quiere decir que lo haría con ERC si va en solitario. La brecha sería aún mayor con respecto a los que ahora llaman socios, pero que siempre fueron sus auténticos rivales. O es que hemos olvidado el tripartito de Carod Rovira que los dejó en la grada y que ha sido el origen de todas las tragedias. ¡Ay José Luis! El tablero está servido. Los republicanos dicen que o van todos, incluyendo a los comunes, o van cada uno de manera independiente y la mayoría dependerá de un pacto poselectoral. Lo malo es que de los comunes sólo cuentan con Albano Dante, y esto es como tener un tío en la Pampa, nunca mejor dicho.

La campaña ya se ve venir. Junqueras argumenta la represión fascista del gobierno y su contubernio con los jueces. ¡Qué más quisiera Rajoy que la jueza Lamela los hubiera dejado libres! Habla de persecución y de violencia y de calles llenas de franquistas campando por sus respetos. Hay que leer su artículo de hoy publicado desde la cárcel en Nació digital. Artur Más, el príncipe de las galletas, argumenta que todo lo que haga el Estado es echar más gasolina al fuego, cuando han sido ellos los pirómanos que llevan incendiando las calles desde aquella Diada que le hizo ver un oasis de gloria allí donde estaba la tumba de su fracaso. Los bomberos saben que el fuego también se apaga con dinamita. Iglesias, Colau, Coscubiela y Rabell no saben lo que hacer con Fachín, que tiene nombre de facha pequeñito; uno de esos argentinos que vienen a España a darnos clase de todo.
En fin, puede ser que Lluis Basset tenga razón y esa tercera vía sirva para reconducir la crisis, aunque sea temporalmente. Tendría que hacerlo al estilo Macron, porque ahora lo que toca es disparar a la línea de flotación de la antigua Convergencia. Hay que salir pitando de ahí si no quieres que te coja el tsunami. Empezamos por el exalcalde Trías y acabaremos con el misal de la Madre Superiora saliendo de Andorra lleno de cartas de recomendación para buscar un refugio seguro. Mientras tanto, la partida de tenis se ha acabado. Al menos la prensa ya no se dedica a decirnos dónde está la pelota. La cosa se está poniendo divertida dentro de la tragedia preocupante que lleva consigo. Como dicen en el juego del envite: “Hasta el final hay señas”.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com