Parar el AVE es muy fácil en Cataluña

1.- Una pandilla de golfos, integrados en un sindicato independentista, ha parado el AVE y otros trenes en Cataluña, ante la pasividad de los Mossos, y han cortado autopistas y otras vías. Los Mossos, ya sin Trapero, siguen sin actuar. Ahora dependen del Ministerio del Interior, pero el Gobierno de Madrid tiene pánico a que den un palo mal dado, por el qué dirán. Este no es el verdadero modelo de Estado de derecho, pero por defecto, no por exceso. El sindicato utiliza, incluso, menores, y ayer provocó el caos en Cataluña. Otro día invadirán las pistas de los aeropuertos. Les da igual. Mejor será que Rajoy no flojee, porque estos malandros sí que se pueden cargar Cataluña. Lo de ayer en la estación de Sants fue vergonzoso, con el AVE parado y sin poder llegar al edificio terminal, con un montón de gente dentro que tenía prisa por visitar a un médico o por cumplir una cita de trabajo. Si pueden, no vayan a Barcelona. Si un piquete corta una autopista en los Estados Unidos, al minuto hay una pala mecánica que aparta los obstáculos, restablece la circulación y, si es preciso, detiene a los desalmados o les da cuatro palos. Lo de Cataluña se está pasando de rosca. Y otra cosa: si el Supremo, por los mismos delitos que vio la jueza Lamela, no enchirona a los miembros de la Mesa del Parlamento resultaría que existen varias varas de medir. Yo espero que el poder judicial sea coherente y los mande también a la mazmorra. Y más desde que hoy el Tribunal Constitucional acaba de declarar ilegal el resto de las decisiones tomadas por estos locos, por estos políticos irresponsables, conducidos arteramente por el huido a Bruselas, el autollamado exiliado político Puigdemont, que ha dicho que el Gobierno de España ha dado un golpe de Estado contra él. Este tipo se ha vuelto majareta, o a lo peor lo estaba ya. Este iletrado, sin carrera universitaria conocida, que ha llevado a Cataluña al caos. Todo el mundo sabe que lo que buscan es una amnistía imposible, que les libre de sus crímenes contra la Constitución y de los crímenes de mamadera de dinero, que de esos y de los otros tienen sobre sus espaldas para dar y regalar. Han cometido tantos actos delictivos que se pasarán la vida en la cárcel. Vamos a ver lo que hace mañana el instructor del Tribunal Supremo, tras tomar declaración a Forcadell y al resto de la banda. Y lo peor es que los huelguistas de este sindicato bien subvencionado, a pesar de su fantasmagórica existencia, es que ya saben cómo parar Cataluña: pues echándose a las vías del AVE. Y la policía catalana, impávida. No hay derecho a esto. No hay derecho que se machaque a Cataluña, que no se actúe penalmente contra estos golfos y que su acción quede impune porque puede que no les hayan pedido ni siquiera el DNI. A la hora en que escribo no hay tampoco noticias de detenidos. Cojonudo.

2.- Muchas veces me pregunto, en los últimos meses, por qué sufro este mal humor. Y es porque tengo la radio y la televisión puestas todo el día. Y me chirría el cerebro viendo lo que se les está permitiendo a los sediciosos catalanes. De acuerdo que el presidente del Gobierno de España tiene más paciencia que Job y muchísimo miedo de que le acusen de que su policía –nuestra policía— da palos. Pero es que el Estado de derecho hay veces que los exige. Por ejemplo, lo de ayer no se debe tolerar jamás. Niños de papá, perfectamente organizados en piquetes, para impedir la vida ciudadana. A la hora de votar en las elecciones de diciembre, los catalanes deberían sopesar todo esto. Cataluña sin España sería un verdadero caos, no dudaría medio año como país. Y, además, sacando de sus casillas al resto de la población española y creando un verdadero problema al Estado. Ya está bien, coño, ya está bien.

3.- Vamos a ver lo que ocurre hoy en el Tribunal Supremo. Vamos a ver si hay unidad de doctrina en este país o la justicia se va por las ramas. Yo espero que no, yo espero que haya coherencia y que la gravedad de los delitos, el indudable riesgo de fuga (ver a Puigdemont y a cuatro esbirros más) y la insistencia en la comisión de los propios delitos, además del no arrepentimiento, sean suficientes para que la Forcadell y su banda acaben en la mazmorra. Hay otros que también se las traen, como la activista Anna Gabriel. Pero esta no me preocupa: en cuanto llueva un poco dejará de salir a la calle, porque –por lo que observo, por su desaliño personal— está reñida con el agua.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com