Antes de que cante el gallo

Forcadell ha dicho que todo fue una coña, que acata la Constitución, incluyendo el 155, y que la declaración sólo fue una representación de carácter simbólico y sentimental, seguramente con la intención de acallar las voces que clamaban desde la calle. Ha dispuesto del tiempo y la serenidad suficientes para reflexionar, con el consejo de su abogado, sobre el anuncio previo que había hecho la Fiscalía sobre los efectos que pudiera tener en la aplicación de medidas provisionales el hecho de someterse a la legalidad y acatar la aplicación del 155.

El problema es que ha sido presidenta de la ANC, la organización de donde se supone que provienen las mayores presiones para adoptar un acuerdo que ahora declara simbólico, sin contenido jurídico alguno. No conviene entrar en el análisis del documento que se aprueba con toda solemnidad y que ahora es calificado de testimonial, cuando toda la cámara lo recibe en pie cantando Els segadors. Esta misma asociación es la que, según parece, la ha provisto de los fondos necesarios para avalar su puesta en libertad con medidas cautelares; fondos que, también de forma supuesta, provienen de las subvenciones otorgadas por el Govern.

Forcadell ha conseguido que una sociedad catalana dividida en los dos sectores tradicionales, a favor y en contra de la independencia, se fraccione aún más. Al menos en uno de sus ámbitos se diferencian tres posturas diferentes: la de los que aseguran, como ella, que todo ha sido una pantomima; los que se reivindican como presos políticos y manifiestan que se ha dado un golpe de estado aplicando el artículo 155; y los que afirman que la república catalana ha sido constituida en toda regla y ejerce como tal desde Bruselas. Todo esto sin contar con la CUP y los seguidores del independentista argentino Albano Dante Fachín, que declara haberse llevado con él a un porcentaje elevado de los círculos de Podemos.

La ANC pagó la fianza. Y la ANC recibe fondos del Gobierno catalán. No estaría de más una inspección de Hacienda.

Esta división se repite en el llamado bloque constitucionalista por culpa del bocazas García Albiol que, como siempre, llama a la amistad y al pacto dando codazos bajo el aro previamente, que es lo que sabe hacer. Se ve que ha sido adecuadamente entrenado en el juego sucio. La sensatez no parece ser el lugar común en la situación presente. Ahora se muestra escandalizado por el fichaje de Espadaler en el PSC, y esto me resulta de una estupidez supina. Me imagino que en su partido haya alguien que se habrá dado cuenta de su cortedad. Todo parece tender a una renovación del tripartito, con ERC, los comunes y el PSC, con la garantía del respeto a las leyes y el sacrificio de los independentistas a enterrar el hacha de guerra por el momento. Todo depende del coste que esta operación tenga en el resto de España.

Lo realmente importante es que la tensión ha bajado, aunque no lo parezca, y en el independentismo se presentan con frecuencia las acusaciones de traición. Puigdemont no ha logrado la lista conjunta y haciendo un reino, que no es de este mundo, termina destruyendo las siglas políticas a la cabeza de las que fue colocado de manera provisional. No se puede dejar al portero al cargo de la fábrica porque cuando vuelvas ya no quedará nada dentro de ella. Este politiquillo de tres al cuarto ha hundido el negocio de los Pujol, de la Madre Superiora y de su hijo presumido y predilecto: Artur Mas. A Forcadell le han dicho como a San Pedro: “Antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces”, y así ha sido. Luego andará llorando por las esquinas. Lo bueno que tiene es que no la meterán en la cárcel y así no tendrán que suspender las fiestas de su pueblo, que ya está lleno de banderitas y cadenetas. Si va por allí alguien tendrá la oportunidad de cantarle, desencantado, aquello de “Rosó, Rosó, llum de la meva vida./ Rosó, Rosó, no desfacis ma illusió”.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com