El papa y el tabaco

El papa Francisco acaba de prohibir la venta de tabaco en el supermercado del Vaticano. Un supermercado donde se puede comprar de todo, a precios muy baratos. Los habanos y los cigarrillos que fuman los cargos de la Curia habrá que comprarlos detrás de la Vía de la Conciliación, lejos del pequeño recinto vaticano. Yo tengo una amiga, Lucía, que era amiga del barbero del papa Juan Pablo II, entraba con él en el supermercado y salía cargada de productos, muy baratos. Pero allí no puede entrar sino gente relacionada con la Curia y empleados del Vaticano, además de sus familiares, con un pase especial que hay que entregar a la Guardia Suiza, al entrar en el Estado de Dios. El papa ha tenido un gesto de coherencia: si el tabaco mata, no será bueno facilitar la muerte vendiendo esos artículos en un Estado que es de Dios, dueño de vidas y de muertes, según dicen. Así que a partir del 1 de enero próximo, el que quiera consumir cigarrillos y puros, puede hacerlo, pero comprándolos al precio de Italia, que es salado. Se acabó la permisividad. Tampoco se podrá fumar –en realidad, desde hace tiempo–  en las estancias administrativas vaticanas, excluyendo los apartamentos particulares de cardenales y de obispos y arzobispos. El papa Francisco ha dado un vuelco a las costumbres vaticanas. Es más permisivo en unas materias relacionadas con la religión y mucho menos cuando se da cuenta de que en el pequeño Estado se fomenta su consumo, vendiendo el tabaco muy barato. Pues, fuera, el que quiera fumarse un puro que se vaya a Italia. No hay más que cruzar una raya en el piso, o creo que la raya ya ni siquiera existe. Así que bendito sea Dios.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com