Pues mucho que me alegro

  • Ámsterdam se llevó la Agencia Europea del Medicamento

Si les digo la verdad, me alegro de que a Barcelona no la hayan designado sede de la Agencia Europea del Medicamento (AEM), tras tener esta organización de la Unión Europea que dejar Londres, como consecuencia del Brexit. Se la ha llevado Ámsterdam, que responde, como ciudad, a una población abierta, unida, lejos de procesos estúpidos y de independentismos locos. Europa juega siempre sobre seguro, como cualquier organización de naciones que se precie. La Europa Unida no podía escoger como sede de una organización tan importante a una capital incierta, en la que día sí, día no, salen a la calle extrañas banderas y se dirimen conflictos secesionistas que no dicen mucho ni bien de los protagonistas. Ya Puigdemont le está echando la culpa de la cosa a Rajoy, por haber aplicado el artículo 155 de la Constitución en Cataluña. No, Rajoy, no, sino tipos como él, como el fugado ex mandatario, que le obligaron a hacerlo, a  regañadientes y sólo cuando la banda catalana había puesto en peligro a España y a su propia comunidad autónoma, que no nación. No será jamás nación Cataluña. Que se resignen a ser lo que son, a las competencias que tienen –que son muchas, quizá demasiadas—y que gobiernen con más cabeza. Hay un documentadísimo artículo en esta edición de Eligio Hernández, que fue fiscal general del Estado, magistrado y es letrado ilustre. Un artículo sobre las conspiraciones catalanas, de las que estamos ya hartos en media Cataluña y en el resto de España. Han perdido la Agencia Europea del Medicamento y casi 2.500 empresas, de momento, porque el goteo sigue. Si insisten en sus alocadas reivindicaciones perderán las principales industrias cuyo mercado natural es España y el resto de Europa y a las que no les conviene nada ser consideradas como establecidas en un país tercero. Los independentistas catalanes han enloquecido, se han creído que se podían saltar el Estado de Derecho, han cometido delitos flagrantes de desobediencia, malversación sedición y rebelión. Creían que iba a quedar todo esto impune, pero por fin el Gobierno de la nación, tras darles todas las oportunidades del mundo para que rectificaran, reaccionó y cortó de raíz la revolución independentista catalana, absurda, mentirosa, rencorosa, triste, ilegal. Ahora que se chinchen y que el pueblo les pida explicaciones a estos idiotas. Yo me alegro de que la Agencia Europea del Medicamento se haya ido a Ámsterdam. Y de holandés tengo poco, pero bastante más que de catalán secesionista.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com