El temple de Rajoy

Mariano Rajoy, un día, nos lo contará todo. O casi todo./rtve.

Dentro de algunos años, cuando ya Mariano Rajoy ostente el título de marqués de Rajoy, que le otorgará en rey, posiblemente con grandeza de España, se hará balance de su temple y de su acierto a la hora de poner fin al abuso catalán, al menos por un largo periodo. El proceso catalán, sin Rajoy que lo frenara, hubiera dividido inexorablemente al país, a España. Puede que tardara demasiado, puede que no actuara meses o años antes, pero cuando lo hizo, lo hizo con una firmeza tan inexorable, tan rotunda, que hay que quitarse el sombrero. Era fácil en teoría: aplicar la ley. Pero hay veces que la aplicación estricta de la ley tiene sus dificultades, sobre todo si la propaganda en contra era tan atroz, la mentira tan consolidada y la distorsión de la realidad tan notoria que al Estado de Derecho le costó imponerse, sin violencia, sin estridencia, pero con toda la contundencia de una democracia consolidada, que no quiere dejar de serlo. Rajoy rematará la faena con unas elecciones limpias y sin incidentes. Y lo va a conseguir, porque está trabajando en ello. Los poderes del Estado funcionan en este país y funcionan al estilo de Montesquieu, no al de Maduro y Puigdemont, dos pájaros que vienen a ser lo mismo. Faltan muchas cosas por averiguar: de dónde ha salido todo el dinero del proceso, de qué viven Puigdemont y los suyos vagando por Bélgica; falta por averiguar quién les paga los gastos suntuarios a toda esta pandilla de desalmados. Faltan muchas cosas que averiguar todavía, pero no les quepa a ustedes la menor duda de que van a salir a la luz. Porque aquí sería bueno que no se quedara nada en el tintero, que se vacíe el tintero totalmente, para que todos los españoles sepamos dónde está nuestro dinero, el de nuestros impuestos, que tanto nos cuesta pagar. Porque España es un país con unas cargas impositivas a veces insoportables. Pues que se sepa dónde va a parar ese dinero y cuánto se han mamado estos golfos que querían ser una República, destrozando la Constitución forjada por los españoles –catalanes incluidos– a fuerza de mucho sudor y de mucha lágrima. La primera consecuencia de todo el desmán secesionista es el empobrecimiento de Cataluña, que se ha hecho patente ya en datos, como que ha perdido la Agencia Europea del Medicamento y a 3.000 empresas que han puesto pies en polvorosa, por miedo a la obra fallida y a la derrota en el rumbo de estos locos. La historia juzgará al loquito de Puigdemont, como juzgó a Companys y a los otros que quisieron hacer lo mismo y provocaron el antecedente. Aquí hay buenos y malos y el bueno, no tengan ustedes la menor duda, es Mariano Rajoy Brey. Sentado en su sillón de jubilado, ya siendo marqués, Rajoy repasará esta historia y acaso presentará algún libro con datos que la mayoría de nosotros desconoce.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com