La eterna pregunta

Dice Juan Cruz que venía leyendo en el avión un libro de Santos Juliá en el que cita un intento de Inglaterra de apoderarse de las Islas Canarias durante la Segunda Guerra Mundial. Se ha escrito mucho sobre la posibilidad de una invasión del Archipiélago; entre otras, una amenaza de los Estados Unidos durante la guerra de Cuba, en 1898. Esto ha dado pie a una cuestión que ha circulado por aquí desde hace muchos años: ¿Qué habría pasado si hubiéramos dejado entrar a Nelson y no permitido salir a Franco? Se trata de una pregunta tonta, como todos los desiderátums que se formulan a toro pasado.

Durante el franquismo tenía cierta lógica el decidirse por una de las dos opciones, aunque no se tratara más que de un deseo imposible propio de aquellos que se regodean en el “pudo haber sido y no fue”. La cuestión entraña cierta curiosidad porque los dos hechos obedecen a intereses de parte y se presentan bajo premisas falsas. Ni Nelson vino a tomar posesión de las islas, ni Franco organizó su golpe exclusivamente desde aquí. El almirante inglés sólo vino a Tenerife, y lo hizo en persecución de unas fragatas francesas que se habían refugiado en el puerto de Santa Cruz. Por otra parte, Franco fue sacado, casi clandestinamente, en un avión financiado por los organizadores del levantamiento, por lo que el protagonismo de Canarias en ese hecho fue absolutamente circunstancial.

Si el hecho nelsoniano hubiera ocurrido en el puerto de Las Palmas, aquí no le hubiéramos dado la importancia que ahora le damos. No hay que olvidar que la llamada gesta sirvió a la villa, que aún no era ciudad, para reunir méritos y así obtener la capitalidad de la isla y luego ser la sede de la Diputación de la única provincia de Canarias, creada al amparo de la Constitución de Cádiz. Todo esto, a la larga, ha sido un esfuerzo inútil, como todo el mundo sabe, porque Santa Cruz no ha logrado resolver sus problemas territoriales por más que una librea se vista cada año con uniformes antiguos y recreen el acto con la misma fruición con que lo hacen en Tuineje para recordar la batalla de Tamasite.

El escritor e historiador Santos Juliá./Wikipedia.

Que alguien plantee un dilema sobre la preferencia de quien los gobierne desde fuera, es decir, discutir sobre cuál sería la mejor de las tutelas, no es otra cosa que el considerarse cómodos dentro de un sistema colonial. Al final, ser españoles o ingleses, para los intereses de algunos comerciantes, no era otra cosa que seguir perteneciendo a los mercados de Europa.

Hace tiempo que nos consideramos incluidos en la administración de un Estado que se llama España. Esto es así en el aspecto moderno de este hecho, quiero decir a partir de la Revolución francesa cuando el territorio se organiza en municipios y provincias de una manera similar a como lo hace hoy; y también lo estamos en el dibujo regionalizado y autónomo que proviene de la Constitución de 1978.

Además, formamos parte de esta nación desde el momento en que se constituye como un todo unitario, en el tiempo de los Reyes Católicos. Nuestra organización es equivalente a la de cualquier provincia o región, votamos con los mismos derechos y reclamamos los mismos agravios de un Estado central que debe seguir conservando algunas parcelas del poder económico para corregir desigualdades. Ya saben: eso de la solidaridad. Por tanto, abandonar ese régimen de pertenencia para convertirnos en una colonia de ultramar de un país a cuyo entorno no pertenecemos ni por genética ni por cultura, no parece una operación ideal.

Sin embargo, la pregunta sigue estando ahí, como un gran canto de sirenas para que otros lo repitan y se sientan decepcionados por lo que no supieron hacer los que les precedieron. En ese caso, en la situación en la que estamos, es preciso contestarla adecuadamente. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos sido ingleses? Sencillamente, nos habrían aplicado el Brexit y en este momento habríamos dejado de ser Europa para convertirnos en un anacronismo imposible de imaginar, o quizá estaríamos, como las islas Malvinas, siendo reclamadas por el país continental más cercano, que en este caso sería Marruecos. Como ven, a la larga, todas las preguntas tienen respuesta.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com